Paseo por mi disperso cerebro.
Abril 19, 2007
Si el banco central quiere bajar la oferta monetaria puede empezar por subir el precio de los CETES, para que así la tasa de interés suba y la gente prefiera ahorrar. ¡Oh dios! el hombre de enfrente tiene una hormiga aplastada en su espalda, no Rodrigo, concentración, tienes que hacer el examen de economía.
El mercado de divisas invariablemente afecta el mercado de la oferta y demanda agregada. Pero ¿Cómo demonios es que tiene una hormiga aplastada en la espalda?. ¿Se revolcó por el suelo acaso?. Tal vez estaba haciendo cosas sucias con la chava con la que se le ve muy afectuoso… jiji, cochinones… No Rodrigo, concéntrate, tienes que hacer el examen. Ya sé, ya sé, odias la economía, pero lo tienes que hacer. Sí, sí, sí, muy pragmática y utilitaria, ya lo sé, sí, también sé que te molesta que los ecónomos no se preocupan por la gente sino por sus insulsos mercados nomás. Si se revolcó con la chava esta, pues no fue en una cama, a menos que fuera una cama muy sucia, la verdad esta chava se ve medio sucia, se me hace que hasta hormigas tendrá en su cama. Sí, hormigas y cajas de pizza de hace tres semanas, que asco, ojalá nunca me toque una chava así. Aunque una vez sí me pasó algo similar, pero no, nada que ver, no había hormigas o por lo menos eso creo. ¡Ey! ¡YA! a ver, ¿en qué estaba?. Ah sí, a ver, los diversos factores que pueden afectar la demanda agregada son, entonces si la chava es tan sucia y este hombre se ve tan bien arreglado que hasta corbata trae… no, eso no puede ser, entonces quiere decir que se revolcaron en algún jardín… ¡ay dios! estaba haciendo cochinada en los jardines de la escuela, impúdicos. ¡Qué envida!… ¿por qué yo no tengo con quien revolcarme?, la verdad hasta con esta sucia me revolcaría ahorita… pero no en su cama, capaz y me sale una cucaracha, malditas cucarachas, las odio, no me dan miedo pero me dan mucho asco, que bueno que ya tiene mucho tiempo que no veo una, ¿qué hora es?.
¡Ay dios! es el examen.
–Entreguen su examen, ya pasó la hora–
¿Qué? No mames, no me dio tiempo de contestar nada a ver, en chinga calcular el PIB dado que el gasto público fue de 60 millones y los impuestos recaudados 70 millones, vamos Rodrigo tu sí sabes vamos, a ver calcula el coeficiente, ¡uy!, creo que ya se le cayó la hormiga… nop, ahí sigue, maldito afortunado pudo revolcarse antes del examen.
–Entreguen su examen ya–
Oh. Problemas.
Oye wey, tienes una hormiga en la espalda, ahí está, sólo di eso, anda, dícelo, no seas tímido, investiga porque madres tiene una hormiga en la espalda, vamos pregúntaselo, tu sabes que te atormentará toda la noche no saber, vamos pregúntaselo, PREGÚNTASELO!
–Oye wey, tienes una hormiga aplastada en la espalda.
–¿Qué?.
–Que tienes una hormiga en la espalda.
–¡Ah! ¿Neta?.
–Sí.
–¿Ya?.
–No, más a la izquierda, un poco más… ándale, ya está.
–¡Gracias! es que hace rato me caí. ¿Cómo te fue en el examen?.
–Ermm, creo que bien.
Escrito por strikter | Comentarios (7)
¿Soy o fui?
Abril 18, 2007
Como es mi costumbre, pernoctaba frente a mi único medio de comunicación con el mundo exterior -mi amada computadora- mientras disfrutaba de una plática, que comenzó 6 horas antes, con la que quizá sea la única fémina que considero mi amiga. Mientras hablábamos de cosas intrascendentes, tocamos temas de nuestra historia juntos, entre todo, cuánto tiempo hace que nos conocíamos.
La cruda cifra salió a la luz…siete años… siete años de conocerla, peor aún, siete años que se suman a mi vida. Siete, buen número para apostar, para el cabala, para todo, menos para ser parte de mi pasado. Estoy envejeciendo y eso no me gusta.
Mientras la conversación seguía, aprovechaba las pausas en las respuestas de mi apreciada pareja de conversación para ver donde estaban mis siete años perdidos. Con desesperación, hurgué en mis cientos de carpetas de fotografías, tristemente, caí en cuenta de que no existe evidencia de mi pasado, o por lo menos no en fotografía. Lo único que encontré fueron los cientos de imágenes que mis conocidos me enviaron alguna vez para hacerme saber de sus aventuras o fechorías.
De repente, la salvación, una fotografía de mis años mancebos, evidencia de mi ser, una fotografía mía, con un pequeño inconveniente, salí portando una máscara de luchador (de Pierrot, para ser exactos). Al momento, sensaciones y placeres, olores y gustos, imágenes y alucinaciones invadían mi atrofiado y temeroso cerebro. Por algún extraño motivo, la histeria desapareció, y en orgásmicos pensamientos, reviví la aventura de esa noche, el Festival Hot Xalapa Tropic.
Durante más de media hora busqué en la red el sitio de dicho evento. Al encontrarlo, pude constatar que fue real y no producto de mi imaginación como muchas cosas que he vivido…creo. Entusiasmado, corrí a mi armario por mi máscara y me la puse. Fue más que mágico, conservaba toda su esencia, el olor a cerveza, sudor, licor de caña, marihuana, petróleo y coito. ¡Más que maravillosas experiencias viví con esa máscara!(en otra ocasión las contaré), la cual tenia más de 1 año de no portar.
Al sentirme tan bien por otrora tiempos vividos, recordando la borrachera, los pleitos callejeros, el slam, las mujeres y sobre todo la música, empezó mi verdadero problema: ¿Volveré a sentir lo mismo otra vez?¿Puedo ir a jugar a que soy un adolescente lleno de hormonas y a que el pequeño mundo no me merece? ¿Seré ridículo(como mi propia familiar me ha llamado en más de una ocasión) por querer vivir otra vez esas experiencias?¿O debo resignarme a encontrar sustitutos en una vida sedentaria para aquellas dosis de adrenalina?
Terminé mi conversación con la regia hembra entre afectuosas palabras, cumplidos, un coqueteo disimulado y crisis existenciales, después, me dediqué a resolver de mi dilema emocional.
¿Soy el rebelde con causa, dolor de cabeza, madreador, borracho, mujeriego que no pierde oportunidad de bailar un buen slam y vivir el rock? o ¿me he convertido en triste burócrata, cuasi-profesionista, que alimenta su alma con sobras de sus idealizados recuerdos de heroicas aventuras urbanas?
Quizá un poco de ambos. Pero ahondando un poco mas en dicho conflicto he llegado a la conclusión, de que no es el tiempo el problema, no es el decaimiento físico lo que restringe nuestra forma de ser, la verdadera razón, a mi parecer es más mundana, fría y estúpida.
Es la sociedad, si, esa palabra tan ambigua, llena de contrariedades, de falsas verdades absolutas, de insulsa moral, epítome de nuestra civilización y prueba de nuestra evolución, palabra tan odiada por punks (que para pesar de éstos, los creó), palabra maldita que nos dicta lo bueno y lo malo en base a creencias milenarias. Si, muy mala, pero indispensable. Por mucho que lo neguemos no seriamos nada sin “ella”.
¿Pero por qué marca nuestros ciclos de vida?, ¿los marca o sus cánones debilitan nuestras ilusiones que tras el paso de constantes golpes terminan por rendirse?, decidan ustedes, pensando en cuantos sueños dejaron atrás y cuantos placeres han perdido por seguir estas reglas.
Estoy de acuerdo en que para todo hay un “tiempo”, pero creo que ese “tiempo” sólo lo marcamos nosotros y no los años.
En lo personal trato de mantenerme en equilibrio, consciente de la evolución de mis responsabilidades (para fines de mera supervivencia), no olvido mis ilusiones, por más que pase el tiempo, eso si, consciente de las consecuencias de la búsqueda de éstas. Los invito, lectores de este espacio a que no dejen morir sus ilusiones, vivan sus recuerdos y hagan nuevos, hagan su tiempo.
Yo soy y fui, por que vivo en un mundo que fluctúa entre el pasado, el presente y el futuro, mis recuerdos alimentan mi presente y prevén mi futuro que será pasado.
P.D. El motivo de tan chulo debraye.
Escrito por Malva | Comentarios (8)
Radio
Abril 16, 2007
Las industriales cantidades de ron blanco que mi cuerpo ha sido forzado –en contra de la voluntad de mi hígado– a consumir ha causado que el número de neuronas en mi cabeza haya decaído de manera alarmante, tanto ha sido así que para poder hilar una idea tengo ahora que ladear mi cabeza para que las únicas dos neuronas restantes se unan. Ahora tengo tortícolis por escribir este párrafo.
Esta falta neuronal ha causado que cada vez más mis sueños se hagan cada vez más aburridos y sin gracia alguna, por ejemplo, el lunes pasado soñé con una línea negra sobre un fondo estéril blanco. Fue tan aburrido que al despertar busqué el control remoto y traté de cambiar de canal, en efecto, mi coeficiente intelectual ha bajado.
A causa de mi falta de sueños interesantes, Ximena y Florencia –así se llaman mis dos neuronas restantes– se han encargado de recordar sueños pasados, sueños que tuve hace mucho tiempo que se encontraban archivados en mi otrora gran bóveda de inteligencia y memorias. Hubo un sueño que tuve a la corta e inocente edad de 5 años que consistía en que yo vestía un maltrecho y viejo disfraz de Súper Man –Súper Hombre si estás en contra de los anglicismos pero suena muy gay– y me encontraba en lo alto de las escaleras de la casa de mi señor padre, sorpresivamente el maltrecho y viejo disfraz me concedía como por arte de magia –blanca– el poder de volar, el sueño de cualquier niño –y la pesadilla de Buddy Holly, Ritchie Valens y Pedro Infante–.
Desde ese momento pensé “¿Por qué yo no podría ser un súper héroe?”, sabía que no podía volar, pero tal vez, simplemente tal vez, yo era indestructible. Durante toda mi accidentada infancia –siempre fui muy torpe, gracias mamá y papá– nunca sufrí de alguna lesión seria, además siempre tuve una gran resistencia al dolor físico –para el emocional no– en comparación a los demás compinches que se me unían en las descabelladas aventuras.
Estábamos en desventaja, éramos ocho jugadores contra el once del otro equipo. Durante toda la temporada no había recibido ni un sólo gol, lo cual hacía mi pecho saltar hasta dar el legendario botonazo ya que había superado grandes predecesores. Yo sabía que iba a ser imposible mantener mi cuenta limpia este partido, en los veinte minutos de juego que llevaba las llegadas habían sido persistentes y peligrosas.
–¡GOL!– fue el exclamó del delantero del equipo contrario que tuvo el gusto de anotarme el único gol que recibí esta temporada. Mi corazón por un momento se llenó de duda, de inseguridad, pero estaba decidido a que tenía que esforzarme más y que este sería el primer y único tanto recibido en mi puerta. Mis años de infancia en los cuales aún gozaba de mis plenas capacidades mentales, llegué a ser un buen y respetable –aunque algo rudo– portero, de algo tenía que servir haber entrenado a las cuatro de la tarde con 35 grados y 98% de humedad, sí, de algo tenía que servir.
Otra vez, un delantero encontró un hueco en la frágil defensa que tenía en frente, aún con un poco de inseguridad dentro de mi traté de ir a quitarle la pelota, pero titubeé. Gran error. Tal vez es estúpido el hecho que pensara que en verdad era algún tipo de Súper Hombre –fuera del plano sexual, heterosexual, porque lo soy– y que en verdad nunca me pasaría nada malo.
El jugador contrario venía directo hacia mi con la de gajos en sus pies. Todo mi mundo era esa pelota, desde mis primeros entrenamientos y mi mejor característica como portero era le hecho de que yo iba por la pelota pese a todo, pisotones, piedras, patadas o árbitros. No era nada que no hubiera hecho antes en ese mismo partido, o por lo menos eso pensaba.
Me aventé por la esférica. ¡Éxito!, lo logré, he detenido la jugada de ataque. Yo sabía que no iba a recibir ningún otro gol en la temporada. Lo sabía, pero no sabía que iba a ser de tal forma. Justo después de detener el balón, con mi cuerpo recostado sobre la escasa grama futbolera, éste se me escapo. Al tratar de levantarme para alcanzar el balón, apoyé –irónicamente– mi brazo derecho sobre la dicha grama.
¡Crack!
El jugador contrario, con o sin toda la intención del mundo, al ver mi hermoso y escultural cuerpo –como el del David, pero con el miembro más grande… mucho más grande– tendido sobre la ya mencionada escasa grama no frenó su paso.
¡CRACK! –es para efecto dramático–.
El jugador contrario, consternado, preocupado y triste por el triste estado de la grama futbolera que cubría nuestra área de juego, decidió, previó y pensó en que no sería buena idea pisarla más, y al ver mi brazo apoyado y haciendo palanca pensó que sería buen lugar para depositar su delicado pinche puto pie.
–¡CRAAACK!– así fue como mi brazo hizo al recibir el pie del pendejete aquel. Nunca pensé que una fractura de radio –así se llama el hueso que se rompió de mi brazo– me pudiera deprimir tanto, y no por la falta de alcohol de los primeros diez días, ni porque me perdí de la semana santa de mis sueños –llena de mujeres de fácil convencer y… sí, mucho alcohol–, sino más bien… porque no era ese Súper Hombre que siempre pensé que era.
Al estar recostado sobre la escasa grama que con mucho ahínco cuidó el jugador rival, pensando en mi igualdad a los demás seres imberbes de la tierra que se fracturan huesos, todos mis compañeros se acercaron consternados.
–¿Estás bien?– preguntó uno de ellos. Con señas prehistóricas pedí que me ayudaran a levantarme. Al levantarme me preguntaron de nuevo –¿Estás bien?–.
Yo, con mi brazo colgando en una forma enfermiza e insana, incliné pese a la tortícolis mi cabeza, Florencia y Ximena hicieron contacto y dije –¿Tu qué crees pendejo?–.
Escrito por strikter | Comentarios (5)
Hoy es el día
Abril 15, 2007
Abro los ojos un sábado cualquiera, como es mi costumbre, espero a que la flojedad pase, aunque debo confesar, es mi momento favorito del día. Pasados ya unos minutos tomo ánimos para tocar el frío mundo y me dirijo al baño.
Hasta ahora todo va bien, nada fuera de lo común, de pronto, un memoria llega a mi cabeza: “Hoy es el día”
Despabilado ya, recuerdo de la noche anterior aparecen ante mis s y tomo consciencia del por qué de las botellas vacías en mi camino y mas aún el por qué de su existencia: “Hoy es el día”
Hoy, la fecha tan lejana, se ha hecho una realidad al fin: “Hoy es el fin de mi existencia”
Reviso mi agenda para borrar toda sospecha de error y ahí está, sábado… , un aire frío recorre mi espinazo, es el aire frío del miedo, como dicen algunos.
¿Por que hacerlo? La respuesta es muy sencilla, no puedo soportar una existencia así un día más. ¿Hay otras opciones? Seguro que sí, pero a estas alturas de mi calvario, no me quedan ánimos para segundas opciones.
Tomo una ducha y visto de la manera más elegante posible (¡Nadie quiere terminar mal vestido!). Después tomo un momento para reflexionar entre un ambiente de miedo me digo a mí mismo que debo disfrutarme lo más que pueda, después de todo, “Hoy es el día”
Abro mi cava secreta y extraigo uno de mis placeres favoritos, un cigarro cubano “TE AMO N0. 4 de San Andrés” y remuevo su fina envoltura y lo paso por mis narices para degustar su olor y le coloco junto a una caja, abro una botella de Merlot Casaluhe cosecha de 19XX chileno. Sí, 19XX buen año para el Merlot chileno.
Sirvo una copa, la dejo tomar un poco de aire y agarro la guillotina de plata junto a ella. La guillotina, uno de mis bienes más preciados, lleva mi nombre grabado en ella y la fecha en la que se me entregó “10 de febrero de 19XX” … la acaricio y veo mi reflejo en ella, veo lo que soy, y lo que ya no seré mas…
Disfruto cómodamente sentado en mi sillón de cuero rojo el vino, a la vez que enciendo mi cigarro con un fósforo de cabeza roja. Al terminar, me doy cuenta de que nada será igual y que estos finos placeres no regresarán, golpeo el escritorio de cedro y aviento la copa a un espejo que se cuartea al impacto. Ahí estoy, miro mi rostro dividido por la ira y parto hacia mi destino.
Al recorrer las polvorientas calles de la capital, se estropea toda mi esfuerzo por la lograr una apariencia elegante, pero ya no importa, sigo mi camino como un muerto entre vivos pensando en mi destino, al mismo tiempo que de manera que podría compararse al movimiento de esos autómatas tan de moda en estos días y sin prestar atención, devuelvo los “Buenos días” a quien me los ofrece.
Por fin, veo el local, toco la puerta y me lleno las manos de polvo. Abre una hermosa mujer y mirándome de arriba abajo me dice que todo está listo. Entro y observo la decoración del lugar, por tercera vez… “La tercera es la vencida, esta vez no escaparé…”
Acompañado por la bella mujer, bajo unas escaleras y entro a calabozo (muy limpio por cierto, para ser un calabozo), cuando siento la presencia de mi verdugo que me pide sentarme, acto seguido lo hago, mientras escucho como prepara todos sus artefactos metálicos, mientras los nervios me invaden por tan horribles sonidos.
Me pregunta que si estoy seguro, ya que las últimas dos veces me acobardé y huí, le respondo: “Hoy es el día”.
El ajusticiador me solicita la cantidad de dinero acordada y la entrego en una bolsa de terciopelo negra con un cordón dorado lleno de monedas, las cuales entrega a su bella edecán y le pide que verifique la cantidad, al terminar le dice que todo está en orden.
Siento una caricia sobre mi cabeza, o por lo menos eso parece, mientras el inerte metal toca mi cuello. Pido rapidez para el acto, un instante después siento un fino corte en mí, y una sensación extraña me invade, un caliente liquido recorre mis mejillas, lagrimas al parecer.
En fracciones de segundos miles de imágenes llegan a mi cabeza, pero la que mas predomina es la de la reacción de mis conocidos al enterarse del suceso. Una parte de mi, húmeda y sin vida todo el helado piso del calabozo. Hoy ha sido el día.
Si, mi vida llego a su fin, después de dos intentos saboteados por mi cobardía, lo logré, hoy sábado me corté el cabello.
Escrito por Malva | Comentarios (5)
Reflexión a partir de un hecho vulgar.
Abril 3, 2007
Como la historia ha demostrado, los seres humanos, reflexionan y, en algunas ocasiones, recapacitan, cambian su forma de ser, de pensar y de ver el mundo y evolucionan para bien. En algunos casos nunca lo hacen.
Toda reflexión surge a partir de la consecuencia de un acto o suceso, el cual puede ser positivo o negativo. En ninguna circunstancia la naturaleza humana concibe cambio alguno en su ser, a menos de que algo lo provoque.
Las consecuencias de las acciones que llevan a una reflexión pueden ser tan sencillas como cualquier fenómeno cotidiano, como una romántica puesta de sol o una eventualidad mayor como la segunda guerra mundial. Me explico.
Hace unos momentos, tras una noche de excesos y autodestrucción, me dirigía hacia un expendio de abarrotes en busca de un cigarrillo para poder mantener los ojos abiertos después del libertinaje de la noche anterior. Mi imagen personal estaba por los suelos: desaliñado, sin afeitar, destilando un olor a cantina, con el pelo enmarañado y vistiendo sucias ropas negras que, atestiguaban el exceso de bebidas ingeridas. Mientras seguía mi camino me crucé con diversos personajes: una mujer que al verme se aferró a su bolso de mano como si su vida dependiera de ello, un trabajador de la construcción vecina, que cerro los puños esperando con miedo mi ataque y un policía que cambio de lado su macana para asestarme un golpe con mayor facilidad en caso de ser necesario.
Consciente de todo esto, seguí mi camino a paso lento, mientras la rabia me inundaba he imaginaba mil y un venganzas ante tales muestras de desprecio hacia mi persona.
Cuando mi mente se nublaba mas y mas por pensamientos oscuros escuche un golpe seco y opaco, mire a todas direcciones sin ver nada, de pronto, como si una magia desconocida me moviera, fije mis ojos en vulgar espectáculo, un ave agonizaba en el piso, producto del impacto con una ventana.
Mientras observaba inmóvil al ave agonizar retorciéndose y vomitando sangre por el pico, una anciana de aspecto amistoso se me acercó y me dijo: “Se dio contra la ventana joven, pobrecita…”, la mire y dije “Si…”, después de la breve platica me pidió que se la diera y que ella la cuidaría, acto seguido lo hice y la mujer me miro con una sonrisa amable y se fue con el ave en manos sin decir nada mas.
Seguí mi camino y llegue a mi destino, compré mi cigarrillo y al pagar observé mis dedos llenos de sangre, no le di importancia y emprendí el regreso. Al pasar por el lugar de dicho suceso, vi como se amontonaban cientos de hormigas sobre la sangre seca y pestilente de la accidentada ave. Mire mi mano con la misma sangre, me detuve un instante, di una bocanada de humo y reanude mi marcha pensativo.
Al mezclar en mi mente la serie de eventos que presencié, llegue a la siguiente conclusión, hemos llegado a un mundo competitivo, donde todos se defienden para conservar lo suyo, sólo los que nada temen perder, se detienen un momento a ver sin juzgar y de paso ayudar a otros.
Tan bellos pensamientos me han dado ánimos para seguir en el mundo. Creo que iré por una botella de vodka, a ver que pasa.
Escrito por Malva | Comentarios (4)
Tras un largo viaje espiritual y después de un tremendo duelo de egos con el editor y un arreglo económico, fui seducido para nuevamente integrarme a las filas de colaboradores de www.strikter.com. A través de mis relatos, cuentos, artículos y reflexiones, intentaré mostrar a usted (sí a usted) la complejidad de las emociones humanas, dejando un poco la sátira de su predecesora (www.guácala.org), para tratar de entender el por que del ahora. Espero sea de su agrado.
Escrito por Malva | Comentarios (1)
El corazón.
Enero 31, 2007
–Nuestra relación siempre fue así, afróntalo y acéptalo –dijo ella sin siquiera hacer el más burdo de los gestos, pero sé que nunca antes había estado tan feliz de realizar algo en su vida.
No siempre fue así. No. Aún recuerdo cuando una sonrisa en su boca era algo común, un ruido sin sentido podía arrancarle carcajadas por horas y horas, sus mejillas se ponía rojas como tomates y podía ver la escasez de dientes dentro de su boca. Creo que nunca le dije que recordaba todo esto.
–¿Lloras? –exclamó con desdén–, ¿Tu? ¡Bah!, tú no tienes derecho a llorar, no me importa que te esté pasando esto, ¡no tienes derecho!.
Gotas de sangre caían cual compás sobre los azulejos del piso formando un pequeño charco.
Aún recuerdo el día que entré en esta casa por primera vez, tú no existías aún, ni si quiera estabas en los planes, mínimo no en los míos.
–Te ves cansada.
–No es fácil estar en esta situación –como siempre de sarcástica–, pero es necesario.
Sí, lo merezco, y sí, lo noté. No sabía que se llegaría a este punto, pero sabía que algo no estaba bien desde un tiempo atrás, su sonrisa era algo inexistente, creo que ni ella misma la recordaba. Pero nunca pensé que esa mañana llegaría con un cuchillo. Nunca pensé que fuera a hacerme esto.
No intenté detenerla. No fue temor, no fue incredulidad. Ella quería esto, y ya le había quitado muchas cosas en la vida como para negarle una más. Lo merecía. Tal vez fue el exceso de trabajo, la poca atención que le di o el no saber afrontar la pérdida de su madre. Tal vez fueron las ganas de moldearla como yo quería y no dejarla ser. No lo sé, pero sé que algo hice para merecer esto.
La sangre seguía goteando, era hipnótico.
–No me arrepiento –comentó retomando un poco de energías– estoy feliz de hacer esto.
Sucedió, una lágrima escurrió sobre su mejilla, mientras lentamente recostó su cabeza sobre la mesa, estaba cansada.
Era una mañana como cualquier otra, yo estaba leyendo el periódico del día mientras desayunaba. La estaba esperando para llevarla a la escuela. Bajó de su recámara aún en pijama.
–¿Por qué aún no estás lista? – le grité – ¿Qué no ves que se me hace tarde?.
Ahí fue cuando vi que sus ojos eran diferentes, no eran inseguros y llenos de temor como solían. Eran firmes y decididos. Supe que ese era el día. En su mano sostenía un cuchillo y lo apuntaba directo al corazón.
Ese día era el día en que su madre había muerto siete años atrás.
–Es hora de hacer esto y quiero que lo sufras.
No dije ni una palabra.
El cuchillo entró directo al corazón, lentamente. Podía oír y sentir como la piel, el músculo y los huesos se iban desgarrando lentamente. El ruido era infernal y a la vez placentero, como un árbol que cae en cámara lenta a un centímetro de ti.
Su cabeza seguía recostada sobre la mesa, sus lágrimas ya habían hecho otro pequeño charco. Yo sé que hasta ahora no se arrepiente de haberlo hecho. Era su salvación. El corazón roto dejó de latir. El cuchillo no rompió el corazón. Simplemente le dio fin al sufrimiento.
El corazón roto era su corazón roto.
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cero cero siete más dos mil.
Enero 4, 2007
El año nuevo colgaba del cuello de mi camisa en forma de unos anteojos color rosa, llevaba sólo cuatro horas del año en curso habiendo roto ya mi propósito de ese año ya que en la mano izquierda sostenía un cigarro que consumía lentamente mis pulmones, en la mano derecha sostenía cual soldado en batalla sujeta su fusil un vaso de ron barato el cual desde ocho horas antes se encargaba de matar mis neuronas y ponerme en un estado etílico cómodo, mientras mis labios abrazaban el popote que permitía la ingesta de Jägermeister que se encontraba al centro de la mesa siendo compartido por mis amenos compinches.
Ahí me encontré al año nuevo, después de cuatro horas de haberlo vivido, sin saber aún si sería mejor que aquel viejo que aún no acababa de despedir.
Pese a ser una tradición completamente arbitraria, celebramos el deshecho de nuestro almanaque cuyas hojas se vieron perdidas en los botes de reciclaje y hacemos una tímida inversión en uno nuevo con terminación cero siete. ¿En verdad la suerte de la que he gozado los últimos 365.2425 días puede cambiar porque hace mucho tiempo a un cristiano que lo más probable no tuviese novia decidió que hoy, este día era justo el día en que un nuevo ciclo comenzaba? En verdad no lo sé, pero como somos animales tradicionalistas, nos encanta creer que sí.
A final de cuentas, me encuentro como cada cuarto día alcoholizado, sólo que con mejores ropas y en un lugar con más gente que a su vez está alcoholizada como cada cuarto día sólo que con mejores ropas, abrazando a las mujeres y dándole la mano a los hombres y el típico golpecito respetuoso en las espalda mientras repito cual autómata la típica frase. Feliz año nuevo.
El año muerto, viejo, anterior, decrépito nos dejó como los maridos golpeadores, misóginos y abusivos dejan a sus mujeres abandonadas. Confundidos, apendejados, medio adoloridos, sin saber bien que pensar y con un sospechoso ardor en nuestros genitales. Pasamos por peligros nacionales, fraudes electorales, maestros subversivos y muertes de dictadores, mientras que yo sigo igual tratando de llegar al horizonte, con el corazón roto, con un tío menos, con hambre de conocimiento y soñando despierto más veces de las que es mentalmente sano.
Y ahí sigo yo, cómodamente alcoholizado bajo el yugo de los retumbantes altoparlantes del club nocturno, el año nuevo colgaba del cuello de mi camisa y una vez más digo “Feliz año nuevo”.
Escrito por strikter | Comentarios (5)
Anuncio Importante.
Diciembre 28, 2006
Me da un gusto anunciarles que desde hoy en adelante este blog dará sus servicios a la institución que me está formando como periodista.
El Instituto Tecnológico de Estudios Superiores Monterrey campus Monterrey me ha pedido de la manera más formal y lucrativa que les ceda una espacio semanal para informarles a ustedes, mis queridos lectores de las maravillosas actividades que se llevarán dentro de sus jaulas paredes.
Lo sé, lo sé, no tienen que decirlo, desde el inicio ha sido irónico que yo, un revolucionario izquierdista estudie en dicha magna institución derechista, y ahora mucho más por que no sólo estudiaré ahí si no que seré parte de su lista pago y promoción.
Pero mi magnánima Institución Educativa simplemente me dio una oferta que no pude rechazar. Así que…. sin más que agregar.
Strikter.com, un blog filial al Instituto de Estudios Superiores Monterrey, Campus Monterrey.
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Rinconcito.
Diciembre 10, 2006
Veracruz, rinconcito donde hacen su nido las olas del mar…
Cómo ave nómada que viaja de ida y vuelta acorde a las estaciones del año, yo sigo lo que ya se ha vuelto una tradición – o monotonía –, el regreso a mi casa. Veracruz.
He escrito previamente sobre mis retornos que cual compás arriban a mi vida, lo difícil que ha sido la lucha en mi interior para aceptar el tortuoso regreso a la ciudad que me vio nacer y de la que me fui prácticamente huyendo.
De un tiempo para acá ya había logrado calmar mis monstruos dentro de mi turbo psique que impedían mi retorno alegre. Alegre, más nunca esperado.
Pese a todo lo favorable que me espera en esta ciudad y pese mi aceptación a ésta misma, el regreso no era algo –que al contrario de mis demás compinches– que esperara con ansias.
Esta vez fue diferente. El lunes 27 de noviembre a la dos de la tarde recibí una llamada que ni en el día más extraño de mi vida podría haber imaginado posible. Mi hermano me dijo que mi tío Jorge –de 42 años– había muerto esa mañana.
No les puedo decir que lloré en el momento, o que maldije a dios en pose heróica mientras un relámpago caía detrás de mi por haber hecho eso, o que me serví una copa de güisqui para calmar las ansias. No, nada de eso, tal vez era la inexperiencia que tengo en estas situaciones que me hizo no saber como invocar un relámpago en ese momento, o saber que siempre se tiene que tener güisqui en casa. Simplemente, me senté y miré al vacío.
La primera vez que toqué una computadora fue gracias a el. La significancia que dicho evento tuvo en mi vida es tremenda. Tenía 7 años de edad y yo estaba dentro de una oficina donde los “adultos” bebían cerveza mientras veían a la en ese entonces no-cristiana Yuri bailar sobre los carros alegóricos del carnaval de mi ciudad. A esa edad, mi apreciación hacia las voluptuosas curvas de Yuri era más que nula, por lo cual mi aburrición era tremenda. Mi tío, al notar esto tuvo la ingeniosa idea de ponerme a jugar en su computadora. Sólo recuerdo que era Apple.
Lo que ha sucedido después en mi vida gracias a las computadoras (que algunos de ustedes la conocen desde el inicio) ya es historia y en cada paso que di el me ayudó con su vasto conocimiento.
Es difícil imaginarse las juntas familiares sin tener con quien charlar de las últimas adquisiciones de google o yahoo, ni de esa nueva computadora que saldrá o que salió hace poco, ni tener con quien trabajar en computadoras como lo hice hace dos veranos.
He nacido rumbero y jarocho, trovador de veras…
Desde el lunes 27 de noviembre a las dos de la tarde sentí la necesidad imperante de regresar a Veracruz. Se habían acabo todos los problemas que en mi nacían cada fin de semestre, mis complejos y mis miedos fueron vencidos.
Esto me hizo darme cuenta de la fragilidad, pero también y más que nada de la importancia de la familia. El simple de hecho de estar, y que ellos estén para mi es lo que necesitaba. Regresar a Veracruz.
Muchas personas me dijeron lo tanto que me parecía yo a mi tío. Si eso es cierto, yo querría que esto sirviera para ayudar a alguien. Personalmente puedo decir que ahora, cada vez que tenga que regresar a Veracruz, ya no lo veré como un pesar, ni como un mal necesario para ver a mi familia, ni pasaré por alto los momentos que tenga con mi familia.
Algún día a tus playas lejanas tendré que volver…
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