Segundo Acto.
Junio 25, 2007
Alegres cánticos de aliento y pronta victoria inundan mi cerebro en forma de pópulo enardecido siendo yo el centro de la atención de aquellas voces las cuales a la vez de enorgullecerme e inflar mi pecho de egocentrismo maltrecho me empequeñecen y me llenan de pavor.
La hoja en blanco pura e inocente como una virgen por primera vez en una cama ajena me espera a que pase mi siempre errante pluma sobre de ella para marcarla por el resto de su existencia siempre con un temor magno como el sol de no ser lo suficientemente bueno para ella, para la inmortalidad.
Ahora tengo pánico escénico, mis manos sudan, mis ojos ven hacia todos lados y hacia ninguna parte al mismo tiempo y mi cerebro no puede pensar más antónimos, homónimos, sinónimos y conónimos. Todo por la simple misión de entretener mi objetivo artístico adolescente de comer de las letras y no sólo en forma de sopa.
Heme aquí con el fulgor del monitor en mis ojos a madrugadoras horas escribiendo ciertas dificultades que me atacan al querer expresar algo meramente humorístico, dramático o romántico, lo cual se convierte en una paradoja digna de estudio filosófico ya que este ataque de inseguridad nocturno es lo que por este momento está salvando la sequía verborréica en la que me encontré hoy sucumbido al tener la hipotética y virgen hoja en blanco en mis manos.
Los alegres cánticos siguen sonando.
Escrito por strikter | Comentarios (1)
Sólo existo cuando pienso en ti.
Junio 19, 2007
Bang. Bang.
Caigo. Pienso en ti.
Mismas caras de siempre y como siempre ajenas a mi, me ven y las veo retorciéndose en la infinidad de su inexistencia. Simples y carnales no existen más que dentro de su ego devoción. Yo, yo camino una vez con rumbo indeseado existiendo sólo cuando te apareces en mi, en mi mente, en mi corazón.
El sol aún brillaba con una tenue luz que asemejaba a la luz que emite un tren dentro de un túnel que viene directo hacia ti y tu no puedes huir, más bien, no quieres huir, estás harto de vivir bajo la presión de lo que sabes que viene, un suceso indeseable anunciado con anterioridad.
Cada paso me cuesta, cargo con el mundo en mis hombros por la displicencia de las masas, ellos me ven siendo su pilar y no hacen nada pero no me miran, ven hacía el vacío que es su vida. Aún no quiero dar el siguiente paso, no estoy listo, espérame, ven conmigo, no quiero irme solo.
Sólo existo cuando pienso en ti.
Mientras no exista no puedo ser destruido, mientras no exista no puedo morir.
Llegué al punto decisivo. Al doblar esa esquina me esperaba mi destino. Bang. Bang. Yo sabía que venía. Bang. Bang. Mis píes cuales plomos eternos pesaban, no por temor, sino por la indiferencia de todos que pavimentó mi destino final. Bang. Bang. Hubiera podido evitarlo dejando de existir, no pensando en ti, pero cuál es la razón de existir sino pienso en ti.
Bang. Bang.
Caigo. Pienso en ti. Existo.
Escrito por strikter | Comentarios (1)
… de rosario.
Junio 14, 2007
Había sido una noche sin emociones ni exaltaciones, me encontraba tranquilamente recostado en mi lecho nocturno esperando que el dulce néctar del sueño se vertiera sobre mi. Ella, por su parte, desconociendo mi estado aún consciente, salió de su guarida como cualquier otro día a jalar, a conseguir alimento para sus crías y tal vez, sólo tal vez a divertirse un rato paseando por rumbos poco familiares.
La vi, ella no me vio. No supe que hacer, no era la primera vez que me encontraba en una situación de estas, con ella en frente de mi, sin sospechar mi presencia ya que mi cuerpo cual piedra se mantenía inmóvil. La adrenalina comenzó a correr por mi cuerpo, su diminuta pero temible existencia estaba a menos de un metro de distancia, tenía que actuar… pero ¿cómo?.
Mis pies se encontraban desnudos sin pudor alguno, no podía simplemente pisarla, ya podía imaginar el hórrido crujido debajo de mis impúdicos píes, no era factible. Me estiré y logré conseguir un zapato, me puse de píe y me coloqué justo detrás de ella sin que lo notara.
Me abalancé sobre ella con mi rústica y rudimentaria arma en mano para lograr aplastarla y acabar con su inútil existencia pero sus seis patas lograron ser más rápidas que mi agotado y enviciado cuerpo y logró escapar, se quiso esconder detrás del buró. Empecé a entender su plan de ataque. Quería mi cama. Era su objetivo, mi dulce y tersa cama. No lo iba a permitir, decidí tomar justicia por mi propia mano.
Me armé de un arsenal y de la indumentaria necesaria para cazarla, una escoba en la mano derecha, un atomizador en la otra, zapatos de bota alta y mi total disposición de asesinarla. ¡Maldita sea! no iba a dejar que ella viniera con sus actitudes comunistas a tratar de compartir mi cama. Me dirigí hacía el susodicho buró armado de valentía… sigilosamente me asomé en el lugar de su escondite, ahí estaba, campante, tratando de atacar mi lecho nocturno, ¡perra!. Con todas mis fuerzas tomé la escoba y cual jugador olímpico en esteroides la lancé hacia ella, pero una vez más logró escapar con rumbo indefinido. Maldita sea.
Pasé dos horas removiendo y alzando lúgubres espacios dentro de mi recinto real, fracasando en el intento de cazarla, ya el sueño estaba teniendo su efecto sobre mi cuando decidí rendirme.
Pese no haber logrado mi cometido decidí congratularme con una refrescante lata de soda pero al llegar al refrigerador me encontré una vez más con ella. Había desistido de la misión de apoderarse de mi cama, una vez más la tenía enfrente de mi. Estiré mi brazo y logré alcanzar algo, una manzana, la arrojé con todas mis fuerzas pero fallé y le pegué a Gregor. Ganó esa batalla, pero cometió un garrafal error, me mostró donde estaba su guarida.
Gracias a los contactos que tengo en el bajo mundo árabe conseguí unas armas químicas y ni tardo ni perezoso bombardeé su hogar y por fin me pude ir tranquilo a dormir. Al día siguiente pasé por el área de batalla y encontré su cuerpo sin vida, junto al de toda su familia, víctimas colaterales.
Descanse en paz, buen y fiel enemigo.
Escrito por strikter | Comentarios (2)
Crónicas del cuerpo de Malva
Junio 2, 2007
Era un día como cualquier otro dentro del cuerpo de Malva. El hígado sufría de las insolentes cantidades de alcohol recibidas, los pulmones sentían que eran parte de una jornada laboral en una mina de carbón, el cerebro luchaba contra todo tipo de impacto fuerte recibido para así no perder las pocas neuronas que quedaban. Un día común y corriente dentro del cuerpo de Malva, dónde la lucha por la salud y el vicio era el combustible para seguir adelante.
Sus órganos tenían una relación de amistad muy profunda ya que desde que recuerdan han estado juntos, sufriendo de los mismos males y placeres, de las mismas felicidades y tristezas. Gozaban de un lazo que pocos tenían y que muchos envidiaban. La armonía que se daba ahí adentro era casi perfecta. Casi, porque siempre hay un oveja negra que tiende a destruir todo lo bello y hermoso de la existencia.
Nunca supieron a qué se debía su alienación de todos los demás, los demás órganos nunca sintieron que fueron malos con él, tal vez sufría de algún tipo de desorden social, pero desde siempre fue señalado como el desadaptado.
—Se avecinan problemas— dijo el cerebro con un tono extrañamente sobrio, —tenemos que prepararnos—. Todos los demás órganos quedaron contrariados, no sabían a lo que se refería el magnánimo cerebro.
—Pero ¿a qué te refieres?— preguntó el corazón —yo me siento bien, y creo que todos nos sentimos bien, vivimos en un estado de perfecta armonía y solidaridad, no veo porque habría que salir algo mal… todos sabemos que al hígado le quedan fácil otros cinco años de vida útil—.
—Alguien de nosotros nos traicionará, antes del amanecer atacará a nuestro armonioso biorritmo— advirtió el cerebro.
Debido a que los órganos del cuerpo de Malva no estaban acostumbrados a la sospecha, no se les ocurrió pensar en el único que no estaba integrado. Sí, aquél que nadie sabía para que funcionaba y que era un desadaptado. El apéndice vermiforme.
Los rumores decían que tan sólo era un vestigio evolutivo y que por ello no tenía función alguna dentro de Malva. El páncreas lo solía molestar de que sólo era una tubo sin salida del ciego, que no era más que una extensión de una extensión, todos reían, el apéndice sólo se quedaba callado en su lugar. Las amígdalas bromeaban con el estómago de como ya ni la glándula pineal era inútil, entre ellos reían en voz baja.
El cerebro se encontraba descansado después de un arduo día de cálculos aritméticos sencillos, cuando éste fue despertado por un ruido inesperado.
Escrito por strikter | Comentarios (8)
… de la adolescencia y sus males.
Mayo 29, 2007
Es difícil hablar del tema del cual voy a hablar ya que éste ha sufrido de un estigma social tremendo debido a ciertas ideologías religiosas que asustan a los pobres jóvenes imberbes creyentes de instituciones que dicen responder a míticos dioses vengativos y que mandan inundaciones. Más difícil es el hecho de no hacer un chiste de mal gusto sobre el tema que pueda asquear a propios y extraños. Casi imposible es el hecho de que mi mamá está leyendo justo esto sospechando ya del tema de éste simple y carnal post.
No me mal interpreten mis queridos (dos) lectores, no soy de esos moralinos que juzgan a las personas por sucumbir a placeres carnales, no soy de esos que después de hacerlo me ponga debajo de la regadera a llorar mientras me balanceo diciendo “eres un niño malo, malo, malo”. Ustedes saben de mi afinidad por retar ciertos parámetros sociales y éste es uno de ellos, pero no se puede evitar sentir cierta pena, ¿sí?.
Según mis recuerdos no reprimidos nunca fui encontrado haciendo dicho acto impúdico, siempre supuse que se debía a mi habilidad de ser poco obvio en ello y de lograr esconderlo ante los ojos de mi progenitores.
Hace unos días charlando amenamente con la progenitora versión femenina me comentó que alguna vez cierto doctor le recomendó que cuando estuviéramos —mi hermano y yo— en la edad que se presta a esta actividad nos dejara practicarla a todo pulmón… o brazo, ya que si ella se hubiera encargado de interrumpirnos a medio acto pecaminoso nos hubiera generado cierto desorden… sí, ese desorden, ese acerca de la prontitud en llegar… o venir.
Esa plática me dio a entender que tal vez no es que yo fuera un as en esconderme al hacer dicha actividad, sino que mi madre, comprensiva de mi edad y situación hormonal decidió no tomar cartas en el asunto, para que así la prontitud no llegara a ser un problema en algún futuro, lo cual no sólo se lo agradezco yo, sino casi un millón de mujeres.
Esto nos habla de los diversos niveles de consciencia que tenemos al crecer, mientras yo creía que mi mamá no sospechaba ni un poquito, un primo que convivió conmigo a sus 14 años mientras yo ya había pasado esa etapa en verdad creía que me podía convencer que esos 30 minutos que estuvo encerrado en el baño fue porque le dolía la panza. Está bien, le creí el primer día y el segundo, pero se encerraba dos o tres veces al día en un lapso de cinco meses, a ese paso con diarrea ya hubiera estado deshidratado.
Temiendo tal vez que sus progenitores nos fueran tan comprensivos como los míos fueron conmigo, decidí sacar esa pequeña parte de responsabilidad paternal que tengo dentro de mi. Traté de actuar complaciente y maduro, para que no sintiera que me burlaba de él. Me aseguré que tuviera las manos lavadas después de que pasó 45 minutos encerrado en el baño y le dije “vamos, no te preocupes, va a estar contigo toda la vida, te lo digo porque yo ya pasé por ahí y veme estoy normal”. Vi en sus ojos un poco de agradecimiento y pena, sé que no me quería aceptar su gusto por aquél hobbie. Me fui creyendo que hice un buen trabajo y esperando que en verdad ese día no tuviera diarrea.
—Mamá, voy al baño… erm… tengo diarrea.
Escrito por strikter | Comentarios (3)
Ira
Mayo 26, 2007
Te odio y te desprecio, mientras, mi piel añora aquellos momentos donde se fundía en tus labios y éstos estremecían los restos de humanidad en mi persona. Aquí estoy, solo y a la vez acompañado de ánimas decadentes firmes a mi pasado, entre humo y aguardiente de caña, creando ambientes posiblemente inexistentes, en un lugar tan bizarro que me hacen dudar de mi cordura.
La luz, maldita luz, no deja de titilar, inundando, por instantes, de rojo color la habitación, un rojo fuego, que enardece mi incertidumbre, y que con cada centelleo dibuja en mi mente tu ausencia, peor aún, construye mis temores de traición una y otra vez.
En cóctel sicodélico se mezclan luces y melodías que me hacen recordar atmósferas de cantina que contrastan con sonidos estridentes y sintéticos. Canciones que fusionan elementos autóctonos y modernos. Cosa común en éstas fechas, donde la creatividad se reduce a la vivacidad para pepenar elementos pasados y darles solo un toque personal. Ya nadie piensa por si mismo.
Pero a pesar de mi inconformidad por las tendencias musicales actuales, tengo cosas más preocupantes e irreales en las cuales gastar mis ánimos. ¿Dónde estás? ¿Que haces en este instante mientras yo me lamento no poder estar contigo? La idea de que disfrutes tu libertad me enferma al amalgamarse con revelaciones de verdades ocultas anteriores.
Mientras más bebo, más pienso, una y otra vez en ti, y todo mi amor se convierte en ira, producida por cruel impotencia que a su vez es producto de una falsa confianza auto impuesta en un gesto de civilidad.
Te odio. El solo ver tu rostro en mi mente, sea cual sea la circunstancia que lo origine, me produce punzadas en el estomago. Quisiera que no existieras. Sí, te odio. ¿Odio? ¿Realmente lo hago? ¿O confundo las emociones por el coraje de saberte cerca y no poder tocarte? La ira me destruye, porque te amo y no estás junto a mí.
¡Maldita luz!
Escrito por Malva | Comentarios (2)
Obrigado.
Mayo 10, 2007
Estuve bastante tiempo pensando cual sería la forma más adecuada, graciosa y pseudointelectualoide en la cual podría expresar de cierta forma mis sentimiento hacia ti. Escribí uno que otro chascarrillo relacionado con Freud y su psicoanálisis, algunos cuantos que terminaban de manera cursi y tierna, también pensé en hacer una parodia de la canción “Mamá” de Timbirche, que según recuerdo alguna vez dijiste que te hace llorar. Mi lado izquerdista revolucionario también tuvo su presencia y pensé en hacer una crítica satírica a la arbitraria tradición que en verdad es este día.Pero nada de lo que escribía podía englobar lo que siento. Sólo una palabra que seguía aparenciendose en mi cerebro.
Gracias.
Gracias por haberme metido a todo tipo de clases artísticas y de deportes que haya querido. Gracias por no haber dicho nada cuando me oías tocar la guitarra y cantar. Gracias por aguantarme y no correrme de la casa cuando lo merecía. Gracias por agarrar el cinturón más blandito aquella vez. Gracias por pagar el alojamiento de este sitio. Gracias por leerme. Gracias por dejarme ser como soy pese a que no siempre estés de acuerdo. Gracias por decirme que soy guapo. Gracias por venir a visitarme cuando me fracturé el brazo. Gracias por darme una segunda oportunidad. Gracias por la tercera oportunidad. Gracias por la cuarta y por la quinta que de seguro vendrá. Gracias por los regaños. Gracias por los apapachos. Gracias por las lágrimas. Gracias por las risas. Gracias por los sacrificios. Gracias por tratar de comprenderme. Gracias por enseñarme a leer libros. Gracias por llevarme a clases todas las mañanas. Gracias por obligarme a ir al gimnasio. Gracias por siempre tener revistas selecciones y tvynovelas. Gracias por apoyarme siempre en casi todo lo que elijo. Gracias por tratar de hacerme ver las cosas.
Sin ti en mi vida no sería nada de lo que soy, todo lo bueno y lo malo te lo debo a ti y todo lo que logre en mi vida será gracias a ti. Gracias por ser tu.
Gracias, mamá.
Escrito por strikter | Comentarios (2)
Zafiro Filosofal
Mayo 9, 2007
Abro los ojos repentinamente, solo veo un piso de piedra casi negro que hela mis extremidades, por mera precaución o temor a la circunstancia, me quedo inmóvil unos instantes. Asombrado por mi incómoda posición, dudo en alzar la mirada, pero la curiosidad gana e intento mirar que ocurre.
-¡No se muevan, no se rían, no alcen la cabeza!… ¡Quietos… quietos!- Vociferan, casi como ladridos, unos hombres altos y rubios vestidos de negro.
¿Qué pasa, donde estoy? Discretamente levanto un poco la mirada y la escena es aún más asombrosa que el frío que me hace tiritar. Logro ver una catedral gigante de piedra casi tan negra como en la que estoy hincado, rodeada de incontables personas que al igual que yo se encuentran en posición fetal boca abajo completamente desnudos. Por más que intento, no le veo final a las hileras de gente desnuda, acomodados como si oraran hacia una mezquita.
-¡Ya casi… no se muevan…no se muevan!- Repiten nuestros centinelas. Bueno, al parecer no va a pasar nada, así que seguiré sus órdenes. Sé muy bien que la obediencia no es algo en mi naturaleza, pero al verme desnudo en un lugar desconocido creo prudente ser dócil.
Al regresar mi frente a la piedra, entre la unión de dos rocas, algo brilla y roba mi atención. Discretamente y para no provocar a mis guardianes, con suma delicadeza y discreción tomo la pequeña piedra de color azul, un fragmento de zafiro no mayor a un grano de pimienta negra. Obsesionado por su brillantez y su magnifico color azul la escondo como si fuera un tesoro único, pero hay un problema, estoy desnudo… ¿Donde la guardo?
Tras analizar un par de segundos donde, decido que la mejor opción, y aprovechando el diminuto tamaño, es ponerlo junto a la mugre de mis uñas. Lo hago y comienzo a fantasear de las mil y una aventuras que podré contar con mi nueva piedra preciosa y de cómo pasará de generación en generación perpetuando la leyenda de mi vida a través de mis herederos y maldigo si algún tataranieto vicioso la cambiase por alguna botella de licor.
-Gracias eso es todo ya se pueden parar.- ¿eh?…A si, ya se donde estoy y por que tanto encuerado. Por un momento olvide que estaba en la fotografía de Spencer Tunick. Ya ubicado y feliz por mi hallazgo camino entre la muchedumbre. Sigo las instrucciones de los voluntarios a quien antes llamé centinelas, tocando siempre, entre la mugre de mis uñas, mi precioso tesoro.
-Se tienen que poner en posición de firmes alzando la mano izquierda…no…¡la otra izquierda!
Mientras alzaba el brazo podía ver como de la punta de mi dedo surgía un aura azul-morada y me fascinaba más y más con la idea de que era solo mía.
-Chanzón, chanzón…
-¡Hey putos no empujen!…¡No!…mi piedra….adiós a la leyenda…
Escrito por Malva | Comentarios (1)
La puntita (continuación de “Mareo”)
Mayo 2, 2007
“Acéptalo
no estamos para el romance
entreguémonos al trance
que eso si es para los dos.”
Tomo tu mano con firmeza, pero siendo lo mas delicado posible, procurando no lastimarte con mi habitual torpeza incrementada por el alcohol. Camino sin pensar hacia el piso de arriba esperando tener mas privacidad. Hay suerte, esa parte está casi vacía a excepción de unos meseros y un par de parejas con intensiones similares a las mías.
Te llevo a una mesa y te pido que te sientes, después tomo lugar junto a ti e intento entrelazar nuestros dedos por décima vez en la noche. Por fin lo logro. Sentados juntos en la penumbra, solo veo tus ojos que sobresalen y los cuales me cautivan. Esporádicos “flashes” me permiten ver con claridad tu rostro, aunque no es necesario, lo memoricé desde que te encontré esa noche.
-¿Qué pasa Malva?
Silencio. En un momento mágico, todo desaparece, ya no hay nadie viendo, ya no hay oscuridad, la fuerte música electrónica pasa de un ruido estridente a una inaudible sensación de vibración en mi cuerpo y en total calma quedo hipnotizado por tus ojos. ¡Ah!, la ventana del alma, como muchos dicen, ventana por la cual trato de ver y conocer tus pensamientos. Al notar tu preocupación por mi estado de trance, regreso de golpe y todo vuelve a su lugar y mis oídos zumban nuevamente, estamos acompañados otra vez y todo es como al principio.
-¿Qué pasa Malva?¿estás bien?
Vaya que lo estoy nena, estoy viviendo un momento que dibujé tantas noches en mi mente, un momento que ha sido planeado tan meticulosamente y repasado de principio a fin por meses, claro, el escenario no es el previsto. Procuro recordar todas las poesías escritas por mi sólo para ese momento. Error fatal, mi mente esta en blanco y solo pienso en tus labios que me han rechazado y tus ojos cautivadores.
-¿Y bien que me querías decir?
Para ganar unos minutos llamo al camarero y ordeno un paquete de cigarrillos “Camel´s”, mis favoritos. Mientras guardamos silencio y jugamos a contemplarnos.
-Aquí tiene jovenzazo…
Demonios…los ha traído muy rápido. Enciendo uno y me armo de valor. Expongo mi sentir, mi miedo mi pesar y tú, tú solo te limitas a escuchar y asentir con cabeza. De pronto un golpe de suerte, el bullicio del lugar impide que escuches mi ronca voz.
-¿Qué?-dices mientras te acercas a mi para escuchar lo que dije. Ahora… Ataco por segunda vez. La pasión es innegable. Explosión de sensaciones, recuerdos olvidados y emociones perdidas se materializan una y otra vez dentro de mi mezclándose en cóctel de vida. Nos besamos una y otra vez como si fuera en fin del mundo y solo pudiéramos hacer eso y forcejeamos por el dominio del momento, cada intento en forma de caricia, que pasa de tierna a salvaje en un movimiento. No se cuanto ha pasado, pero no es suficiente.
Al terminar, quizás inhibidos por la muchedumbre o por miedo a los sentimientos, miras tu reloj y te das cuenta de la situación. Hace horas que debías haber partido. A pesar de la desesperación y el apuro, te das un momento para la despedida. Otro éxtasis.
Atravesamos el lugar tomados de la mano con la mayor normalidad y serenidad, como si lo nuestro fuera de años. Abro paso entre los alcoholizados bailarines protegiéndote de cualquier contacto con éstas frívolas criaturas mientras disfruto de casa instante. La travesía llega a su fin y tus preocupados acompañantes lanzan un par de reclamos contra de ti. Das breves explicaciones mientras subes sin decirla adiós. Yo le resto importancia a tu descuido y levanto mi mano en señal de despedida. De la nada te asomas por la ventanilla y me dices:
-Llámame…
Lo haré nena, lo haré…
Continuará…
Escrito por Malva | Comentarios (2)
Mareo
Abril 30, 2007
“Me da vergüenza y no sé si decírtelo
Si se me nota no levanto la mirada
Y me derrito si te tengo cara a cara
Si te encuentro a solas
Vuelvo a creer en dios.”
-Malva…¡No!
¿Malva no?, ¡Ah!, si cobrara una moneda cada vez que he escuchado eso, quizá ya seria millonario. Mi vida entera ha estado poblado de “Malva ¡no!”, realmente esa cómica oración jamás ha causado efecto en mi y no me ha detenido nunca. Pero ahora, sale en forma de tierno susurro de tus labios mientras torpemente me acerco a tu boca con intenciones más que definidas y me estremece el pensar su significado… por primera vez en mi vida.
Guiado por la inercia de mi insensatez, logro asestar un tierno beso en tu rosada mejilla, he fallado, yo le apuntaba a los labios. Mientras recupero la postura y enderezo mi espalda, logro percibir el olor de tu piel, tu sudor, tu ropa, tu perfume, tu esencia que sobresale de este cubil inmundo plagado de olores mundanos y comunes, sí, tu piel enamora mi olfato mientras cobro consciencia de tu “Malva ¡no!” y busco en mi memoria su significado. Al no encontrarlo, lo invento en un instante y una punzada destruye mi estómago. Ya sé qué es un “Malva ¡no!”.
Ya reincorporado miro tus pequeños ojos, confundidos por mis actos, buscando una respuesta ante tal ataque, yo, solo acaricio tu bello rostro mientras las parpadeantes e intensas luces del lugar desconciertan mi mirada y me roban instantes de ti entre el clímax de la ocasión.
-¿Por qué lo hiciste Malva?- Preguntas mientras cedes discretamente al momento, me limito solo a abrazarte, esperando una rígida respuesta. Ocurre lo contrario, devuelves el detalle poniéndote cómoda, recargando tu cabeza en mi hombro, no puedo evitar pensar lo placentero que me resulta tu caricia y lo confortable que me resulta, tampoco puedo evitar pensar en las miradas sorprendidas de nuestro acompañantes y amigos en común, que al notar lo que ocurre fingen normalidad y de vez en cuando lanzan miradas indiscretas para conocer la situación.
Tras un par de eternos segundos te dejo libre, vuelvo a mi pequeña mesa y me sirvo un trago más que fuerte que bebo como si fuera agua, esperando que el ardiente alcohol borre mi error y cambie los acontecimientos de hace unos instantes. Por mero instinto y curiosidad volteo hacia ti y te miro fijamente. Me lanzas una sonrisa que me invita al coqueteo. No necesito más alcohol.
-¿Por qué lo hiciste?- ¿por qué nena?, es más que obvio pero guardo silencio por que prefiero el lenguaje de las miradas para éstas situaciones. Aunque no es necesario, bebo más, siento como se relaja y quema el pecho, creo que es el alcohol, o eso quiero pensar. Espero que no sea mal de amores. Seguido, tomo tu mano para llevarte a un lugar apartado y lejos del bullicio poder explicar mis motivos sin tener que gritar en tu oído y aunque me encanta la idea de tener una conversación tan de cerca, guardo la compostura.
Continuará…
Escrito por Malva | Comentarios (1)
