del asfalto y tu cachete.

escrito por Rodrigo

Como muchas otras noches, estaba borracho, pedo, alcoholizado, e iba caminando. Acababa de disfrutar unos deliciosos tacos al pastor que mi estado etílico hacía que supieran mejor aún, mi panza llena y mis sentidos y consciencia nublada excelentemente por la ingesta alcohólica que había precedido los ya mencionados manjares. Iba caminando, como muchas veces lo he hecho en este estado, pero ese día me caí, de frente, de boca, sin poder poner las manos. El frío (de esencia no de temperatura) asfalto y mi cachete se encontraron fuertemente.

Sería mentira y exagerar mi virilidad decir que no me dolió porque sí me dolió, el hematoma posterior fue una muestra de ello, sin embargo mi estado de pedés hacía que el dolor fuera menos, que su trascendencia fuera menos.

Como algunos de ustedes; mis queridos (dos o tres) lectores, sabrán, la madrugada del viernes 19 de marzo hubo una más de las tantas balaceras que han habido en el país. Ya había escrito algo acerca de eso hace un tiempo (No Tiene Nombre), en una especie de caricatura o parodia de la sociedad clasemediaaltaalta y su interacción (o falta de) con el entorno del mexicanismo inseguro, de la inconsciencia de lo que nos rodea y de la poca voluntad que existe de nuestra parte para ver lo que acontece, menos aún para hacer algo trascendente que promueva un cambio.

Sin embargo, esta balacera vino como aquél día vino el asfalto a mi cachete, dura, concisa y directa. Más o menos a la 1 a.m. de este viernes, esa balacera se desató justo en frente de una de las entradas de mi universidad (ITESM, saquen sus propias conclusiones revolucionarios insulsos e imberbes) dando muerte a dos estudiantes de posgrado que simplemente estaban en el momento equívoco y a la hora aún más equívoca.

Toda la inseguridad que se ha desatado en México los últimos años ha sido como aquél día que me caí y mi cachete chocó contra el asfalto. Dolía, pero había algo que hacía que ese dolor fuera menor. La distancia tal vez. La suerte de que esos muertos, esas balaceras eran en otras partes, mataban a otras personas, tal vez eran en mundos lejanos como Ciudad Juárez o Reynosa, lugares que en mi mente tendrían que ser ficción de algún periodista imaginativo o alarmista.

Esta balacera destruyó la zona de confort que ya había mencionado (del Drogadicto y Sus Talentos) ya que fue ahí mismo, dónde se suponía que nada pasaba. Fue haberme caído y que mi cachete chocara contra el asfalto en un estado de completa y asquerosa sobriedad.

Culpas se pueden echar muchas sobre muchas cosas. Los sicarios, los militares, el gobierno, la corrupción, el narco, las drogas, EE.UU.,  ustedes, ellos, las mujeres, los gays que destruyen familias, los pobres, los ricos, las empresas, la historia, la Malinche, Hernán Cortéz, el destino manifiesto, a Israel, etcétera de los más etcéteras.

Pero la verdadera culpa es mía, completamente mía y de ustedes mis queridos lectores, sé que suena trillado y viejo pero es que lo es, es viejo y trillado porque Octavio Paz nos lo dijo en El Laberinto de la Soledad, describiendo exactamente lo que nos hace mierda como zoociedad mexicana y nuestros puntos débiles, sin embargo, casi 50 años han pasado desde que dicho magnánimo librejo salió y seguimos inmersos en la misma materia fecal (sin referencia forzosa a nuestro chaparro pelón presi).

Lo he dicho desde antes que se diera esta balacera, tal vez en borracheras, tal vez platicando con gente interesante, ahora, ya que el dolor, tristeza e impotencia es más grande que nunca lo digo por escrito y en un plano de discusión abierta. Es nuestra culpa, porque nosotros los estudiantes de instituciones como el dichoso Tec, somos el único factor de cambio que tiene esto que le llamamos querido México (sobre todo en los mundiales).

Cambiar a México es otra más de mis proyecciones, fantasías o ideas ochoañísticas, sin embargo creo que sí hay formas. Nada inmediato, no, y menos con la tremenda ayuda que tenemos de parte de nuestros gobernantes nulopensantes, pero hay formas.

Estoy harto de la hipocresía. Harto es poco. Me cae como pata en los huevos cada vez que alguien menciona este supuesto nacionalismo mexicano ya que no existe, en todo caso es un nacionalismo confrontacional, cuándo alguien dice algo de México saltamos como chinampinas a chingarnos a quién nos insultó, pero por mientras mantenemos este status quo incómodo y lo defendemos como si fuera en verdad bueno. El Tec de Monterrey (alma mater y toda la cosa) es de las instituciones más grandes del país que más promueve este status quo, creamos emperdedores, creamos licenciados, creamos ingenieros, creamos empleados, muchas cosas crea el Tec, pero no crea humanos y no crea universitarios.

Temo aceptar que el Tec nunca ha creado universitarios, todo se puede ver desde la premisa obvia y conocida por todos (espero) en la que se creó esta institución, el Tec nunca ha sido una universidad per se, y ahí es dónde, creo yo humildemente, radica en gran parte el problema nacional (nota: me refiero al Tec simplemente porque es la universidad a la que asisto, se tendrá que tomar en cuenta este problema como algo generalizado de las instituciones de educación nacional).

Como dije, la clasemediaaltaalta es el factor de cambio, no porque quiera hacer una revolución burguesa, o porque me gusten mucho las hamburguesas, simplemente es porque tomando en cuenta que casi 60 millones de Mexicanos tienen que trabajar un día para comer al otro, no se puede exigir que ellos dejen de comer para ponerse a pensar en qué solución ideológica o totalmente universal podría tener México. Ejemplo de esto se ve a lo largo de la historia, la filosofía griega clásica nació gracias a que ciertos griegos tenían tiempo de ocio, no tenían que preocuparse por el quéhacerquécomer y podían, pues, pensar.

Ese es el punto de las universidades señores, pensar, pero el hambre (de dinero, no de comida) nos ha llevado a un punto dónde pensar fuera del pragmatismo económico es una pérdida de dinero, tiempo y esfuerzo. Filosofar es para mariguanos y criticar es para rojillos que no quieren trabajar (yo entro más en la segunda que en la primera). Nos estamos acercando cada vez más a una sociedad sin intelectuales.

Aún me falta mucho que pensar, criticar y aprender como para poder ofrecer una solución, pero de lo que sí estoy seguro es que las universidades, ya sean públicas o privadas tienen que hacer algo al respecto de la sociedad mexicana (recuerden que el pragmatismo no está peleado con la ideología) porque supuestamente es ahí dónde se hace un semillero de ideas y se forma el futuro mexicano.

Sé que el problema del narco tiene ya muchos años, no empezó con Fox (pero sí empeoró) y no va a terminar si regresa el PRI (ellos lo empezaron, gracias), ni hubiera terminado si el Peje fuera presidente (era el Peje no Chuck Norris) y no va a acabar si gana Ebrard o el PRD. Esto trasciende la esfera de lo político y va más a la esfera de lo social, que es lo que supuestamente las universidades atacan.

Cuando en las universidades existan en verdad formas de fomentar el nacionalismo, la ética laboral, la inclusión en la vida política y democrática (y por esto no me refiero a ser político) del país y exista una consciencia social de verdad, es cuándo tal vez, podamos ver una mejora en la sociedad. Porque como dije vía twitter (adivínenlo) los últimos culpables de la muerte de estos dos estudiantes fueron los sicarios y los militares, ya que ambos sólo siguen órdenes, ya que ambos sólo están buscando una forma de poner comida en su mesa.

Hoy fui al Tec por primera vez desde lo sucedido y fue mucho más difícil de lo que esperaba y fue más mi enojo al ver que las cosas se mantenían como si nada, fuera de un moño negro en la entrada y de una que otra actividad estudiantil de luto no existía nada. Y eso es lo que me conmueve, me entristece, que ni así, los 16 mil o 18 mil estudiantes de mi escuela, ni cayendo de frente, al asfalto con su cachete, duro, directo, reaccionen y exijan algo. Por algo hay que empezar… continuaré…