Yaneli habla de los domingos.
escrito por Rodrigo
Yaneli tiene ocho años, es un niña bonita que le gusta usar un moño en la cabeza porque dice que así parece un regalo para todas las personas que ve. Yaneli tiene ocho años, ya se le cayeron dos dientes y los guardó de bajo de su almohada para que el ratón Pérez le dejara un poco de dinero, pero ella se pregunta como es que un ratón tiene dinero. Yaneli tiene ocho años, su segundo nombre es Vianey pero no le gusta que le digan Yaneli Vianey porque así le dice su mamá cuándo está enojada y le dan ganas de llorar. Yaneli tiene ocho años, ya ahorró 100 pesos para comprarse la nueva barbie pero ahora que los tiene le parece que es un gasto tonto si ya tiene muchas barbies igualitas. Yaneli tiene ocho años y sus papás dicen que es muy inteligente pero ella siente que nomás lo dicen porque es su hija.
No me gustan los domingos, dice Yaneli, me dan ganas de llorar mucho los domingos porque son días muy tristes, son peores que el lunes porque el domingo sabes que es el último día antes de ir a la escuela de nuevo, no me gusta la escuela, su papá le pregunta por qué de su desagrado de la escuela y ella dice que la escuela es fea porque no la dejan hacer lo que a ella le gusta, me gusta dibujar a mi, o correr así muy rápido, casi cayéndome, es divertidísimo pero en la escuela me hacen escribir cosas de gente vieja, no me gusta.
Pero Yaneli en la escuela están tus amiguitas y puedes jugar en el recreo con ellas. Pues sí papá pero cuándo me quiero ver con mis amigos no me tengo que despertar tan temprano, ni ir vestida así, ni dejarles de hablar porque la maestra nos dice que nos callemos. Bueno mi’ja, entonces si no te gusta la escuela porque odias los domingos y no los lunes, o martes, o miércoles, o jueves, o viernes. Pues porque cuándo me despierto en los domingos sé que es el último día que tengo antes de volver a la escuela, no me voy a poder dormir tarde porque mi mamá me va a decir que luego no me despierto, pero mamá la verdad es que no me quiero despertar porque me gusta mucho dormir.
Ay Yane, pero nomás porque no te puedes desvelar odias los domingos, no crees que estás exagerando un poco, no son tan malos los domingos, ¡ve! hoy fuimos a andar en bicicleta al parque, y comimos helado, yo estoy seguro que sí te gustó mucho porque no paraste de reír. Sí papá sí me gustó mucho pero es bastante feo pasártela tan bien para que de repente ya sea mañana y mañana sea otra vez lo mismo.
A Yaneli le gustaría poder decir que ella siente que los domingos para ella son como los últimos metros que hay entre un paracaidista y el suelo, cuándo no le abrió el paracaídas. Yaneli quiere decir eso, pero no lo dice porque no quiere que sus papás piensen que es rara y se preocupen, así que mejor ya se queda callada. A Yaneli le gustaría decir muchas cosas que no dice porque le tiene un poco de miedo a su mamá, así que mejor nada más las piensa.
Mira Yaneli Vianey, la escuela no es tan mala, te sirve mucho para aprender cosas y si aprendes cosas vas a poder vivir mejor. Con ganas de llorar dice, pero mamá yo nada más quiero ser feliz.
Comentarios
tonta escuela…
por que se cambia de nombre???
Su historia me parece familiar..
“Lilus Kikus… Lilus Kikus… ¡Lilus Kikus, te estoy hablando!”
Pero Lilus Kikus, sentada en la banqueta de la calle, está demasiado absorta operando a una mosca para oír los gritos de su mamá. Lilus nunca juega en su cuarto, ese cuarto que el orden ha echado a perder. Mejor juega en la esquina de la calle, debajo de un árbol chiquito, plantado en la orilla de la acera. De allí ve pasar a los coches y a las gentes que caminan muy apuradas, con cara de que van a salvar al mundo…
Lilus cree en las brujas y se cose en los calzones un ramito de hierbas finas, romerito y pastitos; un pelo de Napoleón, de los que venden en la escuela por diez centavos. Y su diente, el primero que se le cayó. Todo esto lo mete en una bolsita que le queda sobre el ombligo. Las niñas se preguntarán después en la escuela cuál es la causa de esa protuberancia. En una cajita, Lilus guarda también la cinta negra de un muerto, dos pedacitos grises y duros de uñas de pie de su papá, un trébol de tres hojas y el polvo recogido a los pies de un Cristo en la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad.
Ay! que bonitas historias, ficción o realidad?
ambos dos.
Muy bien, escribir y hablar son sin duda la más clara muestra de como redacta el cerebro; estaré siepre pendiente de tu importante aportación al mundo de los inteligentes.
Es cierto. La escuela quita los sueños de los ninos junto con su imaginación y todo lo demás.
Grave error…