Manifiesto.

escrito por Rodrigo

Tal vez es pretencioso de mi parte hablar de cambiar el mundo, éste ha sido una mierda en todo su transcurso y quién soy yo para decirles qué hacer para tratar de mejorarlo. Vivimos en una época dónde lo efímero se ha vuelto lo cotidiano. Gracias, pero no gracias. Como dije, siempre hemos estados envueltos de mierda gracias a nosotros. Muy hobbsiano el asunto. Yo me destruyo a mi mismo, mientras todos nos destruimos a nosotros mismos. Siempre han habido grandes artistas para recordárnoslo, como el despertador que tanto odias cada mañana que te recuerda sí, es otro día más. A veces me frustro. Existencialista o no, han habido mejores y peores, más mejores que peores, que se han encargado de decírnoslo, sin embargo, con Hobbes y todo, seguimos en la mierda, sólo que ahora es efímera.

Al parecer, en la opinión popular soy un amargado, suelo enojarme por cosas que a la mayoría de la gente le va y le viene. El ir y venir es lo que nos caracteriza como generación. Nosotros sólo vamos, cumplimos nuestros deberes como gente, trabajamos, estudiamos, disfrutamos y venimos, vemos televisión, escuchamos música y usamos el internet. La gente sufre, eso es un hecho, la gente sufre y eso me cuesta entenderlo. Desde que tengo cierta edad he tenido aspiraciones artísticas pero nunca había entendido el por qué de ellas, es más, ni sé decir si llegaron primero las aspiraciones y luego las intenciones, pero eso no es lo que importa. Hoy vengo a decirles algo que me importa a mi y espero que les importe a ustedes. Ustedes que crecerán conmigo en el mismo mundo que ya describí como mierdero, ese mismo mundo que muchos quisieran ver diferente pero pocos quieren levantar un dedo para cambiarlo. Ese mismo mundo que, pretencioso o no, quisiera poder cambiar.

El arte ha perdido su esencia, pero no estoy negando que no haya movimientos interesantes. La gente ha perdido apreciación al arte, sí, la gente no tiene tiempo, su vida se va rápido, quién sabe a dónde, y no tienen tiempo en detenerse y pensar. No estoy añorando tiempos que no viví, no quiero ser hippie, yo sólo digo, en un diálogo nacido de mi más neto egocentrismo lo que pienso, y lo que pienso es que se nos ha olvidado para qué estamos aquí y digo estamos porque me incluyo.

Por hoy, sólo por hoy, estoy dejando atrás toda práctica literaria para poder lograr poner los píes sobre la tierra y así tal vez lograr que alguien más en mi misma posición flotante, logre ver lo que yo creo que veo. Esto es una especie de manifiesto  para las nuevas generaciones de artistas, no es un manual de estilo, es una proyección de intención y acercamiento:

Los artistas a lo largo de la historia han jugado diversos roles en la sociedad, desde plasmarla hasta criticarla, pero hoy en día nos encontramos con un campo de juego completamente diferente al de hace sólo una década, la mediatización del mundo ha cambiado todo, la aceleración del mundo ha cambiado todo. Nuestra función no es simplemente llegar y decir, ey, vean como estamos de jodidos, no chinguen, nuestra función tiene que mutarse con la sociedad, nuestra función, ya seas pintor, escritor, músico o bailarín, es adecuarte a tu entorno para que sigas sirviéndole a la sociedad que te necesita.

Hoy no sólo basta decirlo, falta mostrarlo en la forma y manera que sea necesaria, tenemos que dejar atrás los intereses egocéntricos, de los cuales todos pecamos mucho, y poner por delante el interés común que se ha perdido. No sólo tenemos que levantarnos de nuestro escritorio y decir, estamos mal, ni caminar dos pasos a un lado y explicar el por qué de nuestro erróneo camino, ni siquiera basta con dar soluciones, ya todo eso no basta. La duda no nos basta ya, ni exponer, ni decir. Recuerda, aunque es difícil, somos efímeros.

Y como lo efímero, toda crítica, toda duda, se va tan fácil como llegó y esto no basta y no es nuestra labor cambiar al espectador, nuestra labor tiene que ser adecuarnos al nuevo espectador. Él es nuestro nuevo reto. Estamos en una nueva sociedad en la cuál si queremos seguir vivos, los artistas tenemos que transformarnos, y es urgente que se empiece.

Como dije, mi intención es poner los píes sobre la tierra porque no es fácil querer verter tus sentimientos, emociones e intenciones megalómanas en una obra y darte cuenta que no basta y que no trasciende, y para no dañarse el ego nos quejamos que la gente no lee, no sabe de música o no entiende lo que no se le enseña. Buscamos culpables, la televisión destruye, el dinero corrompe, se ha perdido la esencia, sí, sí, sí y otra vez sí. Pero tan culpables son ellos como nosotros al no querer cambiar en un mundo que ya cambió y seguirá cambiando.

No se puede revolucionar lo que ya fue revolucionado, al menos no desde fuera, por eso la intención de este manifiesto ególatra y conciliador, tenemos que adentrarnos a estos nuevos roles, a estas nuevas vidas y trabajar desde adentro. Ya no podemos ser más aquéllos rezagados sociales, que observamos desde una esfera aparte la asquerosidad o la grandiosidad de la vida, esta vez, tenemos que ser parte de ella y empezar desde abajo. No estoy diciendo que dejemos la crítica, no estoy diciendo que dejemos de tratar de mejorar al mundo y mucho menos estoy tratando de herir nuestros preciados egos, estoy diciendo que la forma de acercarse a la gente tiene que cambiar.

Si el público no va hacia nosotros, nosotros tenemos que ir hacia el público, ya que si sentimos la suficiente confianza que tenemos la capacidad de decir algo importante es hora que se lo digamos en la cara, no vamos a cambiar al mundo en exposiciones, ni en museos, ni en obras complejas, tenemos que recordarle al público lo que ellos han perdido y que espero que los que estamos aquí no, la habilidad de sentir, la habilidad de pararse un momento en su ajetreada vida y que piensen y más que nada que recuerden su esencia, su espíritu o su intangible alma.

Las formas pueden variar, los resultados también, pero como artista en vez de pensar en una forma de redituar, en vez de pensar en el reconocimiento masivo, que a cualquiera nos gustaría, deberíamos pensar que lo importante hoy en día es lograr que una sola persona que va por la vida con los ojos vendados por las inclemencias de la sociedad que nosotros mismos hemos creado, se detenga, piense y sienta. Desde un graffiti, hasta un baile improvisado en una calle ajetreada, o un sujeto que toque la gaita en plena calle, lo que sea que recuerde a la gente que existe aún más vida que la que se ve. Picasso alguna vez dijo que todos los niños son artistas, el problema es mantenerlo así cuándo crecen, tal vez nosotros en cierta parte nunca crecimos y tenemos que estar ahí para ayudar a que más personas mantengan esa niñez dentro de ellos.