Nalgatitis.

escrito por Rodrigo

Antes de empezar, antes de que todo comience como lo ha sido en otros tiempos, antes de que vuelva a vertir mi verborrea en una hoja en blanco digitalizada es necesario que haga una dedicatoria a una de las pocas (tres o cuatro) personas en mi vida que en verdad afectan mi comportamiento y forma de ser.

Desde aquél verano que aún recuerdo como tortuoso, caluroso y que me tenía al borde del precipicio, hasta justo ahora en este momento, existen un número limitado de constantes dentro de mi ya de por sí limítrofe vida, y esta ha sido la Nalgatitis (como dijo Cela), o sea, el dolor en la nalga, en este caso, en ambas (dos) nalgas.

Mis nalgas y yo siempre hemos tenido una relación escabrosa, ya que siempre me quejé de su escasez, su timidez, o sea, sin ser una tabla, no tenía mucho de qué presumir y lo que había no tenía gran firmeza así como para parecer un bombón para las chicas. Pero mis nalgas no empezaron a sufrir en verdad hasta cuándo empezamos a hablar, mis nalgas me odian ahora por tu culpa.

Primero empezó cada cierta cantidad de días, nada fuera de lo normal para ellas, sí podemos decían, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo más continuo, empezaron a sufrir un poco, ¿oye qué te pasa? me decían las nalgas, ¿no crees que pasas mucho tiempo sentado?, cállense les decía, que se callen que yo mando aquí y se callaban… pero tengo que admitirlo que después empezó a ser un abuso, la mayor parte del tiempo que pasé despierto ese verano de hace ya una cantidad de años fue sentado, hablando contigo cibernéticamente, eres un loser me dijeron mis nalgas, estás todo el día pegado a la máquina hablando con ella y nosotros aquí, mínimo quítate la cartera no, nos tienes todo chuecos, chingas a tu madre, yo nomás las callaba con un pedito.

Como ese pedito callador han habido una gran cantidad de peditos calladores porque de una constante que fue en aquél verano ya pautado como triste y desolado paso a ser una necesidad, una costumbre, una forma de vida, hasta cierta forma una obligación gustosa de ponerme en línea y hacer sufrir a mis nalgas. Ya son varios años los que han pasado y aún mis nalgas sufren pero ya como costumbre ya que vieron que esto no va a cambiar.

Durante el paso del tiempo mis nalgas han tenido respiros, se pelearon ¿verdad? ya no se hablan, tiene novio ya no se va a conectar tanto como antes y ya no vas a hablar con ella, Ja Ja se ríen, pero no, su esperanza ha sido en vano porque siempre volvemos a hablar, a veces me gustaría darle un respiro a mis nalgas pero llegué a la conclusión que es el precio que tengo que pagar por llevar esta relación de amistad tan curiosa que llevamos y estoy dispuesto a pagarlo, total ya tengo tarjeta de crédito.

Y tal cual tu has estado en las veces que yo lo he necesitado, con tu existencia tan peculiar, yo también estaré ahí, onlain siempre, o en persona cuándo se de, o por teléfono pero casi no me gusta así, aunque mis nalgas se quejen por toda la vida. Como dice la canción de aquél cantautor medio emo con el cual estuve obsesionado unos cuántos meses, cada vez que tengas ganas de llorar, yo trataré de hacerte reír y si duele mucho, estaré contigo hasta que se pasen esos días, porque tú has estado para mi, como ya dije, y me has motivado varias veces a perseguir mis intereses literarios y diversos.

Aunque hoy en día mis nalgas ya han tomado una mejor firmeza gracias a mi mejor desempeño en actividades físicas, pese a que mis nalgas ya nomás hacen mutis de su enfermedad precaria, y sin importarme en lo absoluto que suene cursi y tal vez afeminado (no diré ¡¡BFF!!) te quiero dedicar (ya que no he publicado ningún libro en el que pueda dedicar nada) este enemil intento de continuar con mi blog. Así que Charo, esta va para ti.