Pectoral.
Septiembre 27, 2007
Es difícil admitir que aún a mi avanzada edad de joven adulto se estén dando cambios hormonales que se reflejan en mi fisonomía, pero está sucediendo y el espejo es claro y conciso al decírmelo. Me está creciendo vello en el pecho.
Durante mi crecimiento físico siempre noté cierta lentitud y apaciguamiento, pensé que mi cuerpo no tenía prisa ni ganas de esforzarse por crecer a la par de mis contemporáneos. Nunca fue algo que me afectara demasiado, lo asumí como una cualidad más dentro de mi gran variedad de cualidades.
Pero ahora, todo está cambiando. Todo comenzó con el crecimiento en densidad de mi caminito feliz el cual es aquél camino capilar que va desde la zona del ombligo hasta el tesoro prohibido, —ni modo— pensé, ya no podré decir que soy tan tragaaños como antes. Pero aún sigo siendo joven y fresco cual lechuga.
Sin embargo, desde hace unas semanas he notado un esparcimiento desmesurado de este caminito feliz… hacia arriba. Crecimiento, qué más da. No es así de fácil, no señor, no sería yo mismo si este brote de vello en el pecho que apenas hace una tímida aparición en la superficie no causara una serie de dilemas y problemas filosóficos e ideológicos dentro de mi.
Al inicio de su travesía de crecimiento eran tan escasos que pude nombrar e identificar a cada uno, estaba Pedro, el era el positivo, siempre bien delineado sin que ninguno otro se metiera con él; José, el único rebelde que en vez de hacerle caso a la gravedad estaba volteado para arriba, como si me retara; Miguel, el chistosito que siempre esta moviéndose y haciéndome cosquillas; y así unos cuantos amigos más. Como dije en el párrafo anterior, hoy en día ya es muy difícil identificarlos ya que invitaron a muchos más amigos a su fiesta y lo peor del caso es que es de esas fiestas feas sin alcohol.
Debido a la falta de sustanciosas evidencias de madurez física —en este caso, el vello pectoral— asumí que era un indicio o una vitrina a mi filosofía personal e ideología sociopolítica. Ahora que el futuro inevitable me augura una frondosa alfombra pectoral hace preguntarme, ¿es hora que empiece a ser un hombre de bien?, ¿recto, correcto y de derecha?, ¿es momento que deje mis ideologías seudo revolucionarias pacíficas y comienza a pensar en formar una familia y trabajar en alguna multinacional?, ¿tendré que cortarme el pelo?, ¿ir a la iglesia los domingos?.
Un dato curioso que pocas personas saben es que todos los revolucionarios izquierdosos son lampiños de pecho. Podemos ver a Carlitos Marx, a Ernesto Guevara y a Fidel Castro con sus barbas gigantescas, mas si les abren la camisa podrán ver un pecho falto de vello. Si nos vamos hacia progresistas más modernos nos encontramos a Néstor Kirchner quien basó su campaña electoral en sus únicos tres vellos pectorales —seguro que ninguno se llama Adam Smith— y Michelle Bachelet que es más que obvio que no tiene pelo en pecho —o eso espero—.
Mis hormonas me están haciendo una fea jugada, quieren que me vuelva aquél respetable hombre liberal, con moral al cuadrado —o doble moral—, miembro de asociaciones pro-vida mientras aplaudo la censura y presido al Yunque.
¿Qué diría José Martí de mi?
“Hermano, menos mal que los norteamericanos inventaron la depilación láser”.
Escrito por strikter | Comentarios (9)
Numeralia.
Septiembre 20, 2007
Toda la vida he sido. He sido aquél niño nuevo en la escuela que por miedo a preguntar se metió al baño de mujeres. He sido aquél niño que no pudo contener sus lágrimas en quinto de primaria al pelearse con un amigo pese a que lo tacharan de marica. He sido aquél que busca el confort en la superioridad intelectual. He sido aquél desadaptado en la esquina que siente que no pertenece ni aquí, ni allá.
Ahora que mi edad es avanzada y que ya hay brotes de vello pectoral se han adecuado nuevas formas administrativas sobre mi anterior existencia. Soy el 793142 de mi universidad. Soy el RAMNRD85161230H102 del padrón electoral de mi país. Soy el conductor ARAJ851612. Soy el 5493 9298 4799 4789 de mi banco. Y puedo ser muchas cosas más. Cliente 9593 de aquella tienda de ropa. Compra 94820 de aquél sitio por internet. Soy el pedido 94289 del restorán de antojitos. Soy muchas cosas.
Lo maravilloso de esto es que aún puedo ser muchas más cosas, imagínense los cinco años de vida útil que me restan, podré ser muchas cosas más. El empleado 393 de mi oficina. El departamento 401 de la calle 23. El 5 de mi esposa. El 23 de mi amante. Tengo toda una vida por delante que me llenará de números en sustitución a mi persona.
La vida hundido entre una marejada de una numeralia incesante sólo tendrá razón de ser si tu no estás. No seré el primero en tu corazón. No seré el primero en verte despertar. No seré el primero que venga a tu mente en todo momento. No seré el primero con el que sueñas. No seré. No seré.
No habría razón de ser.
Escrito por strikter | Comentarios (5)
Exceso
Septiembre 3, 2007
Exceso, deliciosa y sofisticada expresión, vocablo de la decadencia y autodestrucción. Antónima de la mesura que me acompaña cada noche en busca del olvido. Combinación letal.
Olvidar en el exceso, exquisito, frágil y efímero, va y viene, viene y va, pavoneándose enorgullecido sabedor de motivos, y al mismo tiempo, fiel compañero que nunca nos deja.
Te amo exceso… ¿Qué haría yo sin ti? Quizá, volverme un ciudadano, una persona integra, un eslabón más en la cadena coprófaga de la sociedad flagelante de pensadores. Un montón de carne con emociones limitadas. No. Nunca yo. Yo vivo en el exceso y disfruto cada instante embriagado de sensaciones frenéticas que no conocen fin.
A Triana, quien me ha salvado en mis excesos.
Escrito por Malva | Comentarios (4)
