Esencia de locura
Agosto 28, 2007
Cobarde, quizá, pero que remedio queda. Cobarde, fue la primera de todas las injurias que recibí al partir. No importa, nada importa, pues no tengo nada que perder. ¿Qué más puede perder un hombre que todo lo perdió? Sólo tengo el dolor y a la distancia que crece cada segundo. Veamos quién se come a quién.
Llevo días en esta máquina, “huyendo” dirían mis incomprensivos allegados. Simpático el asunto, cuando me dediqué a construir vías, detestaba el olor a hollín, impregnado en mi ropa mezclado con el hedor del trabajo de los peones bajo el sol ardiente. Lo detesté, si, pero sólo hay algo que detesto más y es la decepción. Claro lo dijo mi padre. Si no continuaba con el negocio, hinchando las arcas de la familia a expensas de la necesidad de los indios, sería la decepción, pues quien más sino su único vástago para llevar el progreso a toda la nación. Su milagro, como me llamó en ocasiones debido a dificultad de mi concepción. Concepción que le costó la vida a mi madre. Nada que el dinero no pudiera arreglar, una nana de por vida para mí y una nueva y vigorosa cónyuge para mi padre.
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Diálogos ardillas
Agosto 26, 2007
-¿Te sigo esperando?
-No… no creo llegar…
-OK… ¿Dónde estas?
-En Víctor
-¿Con quien?
-Con mi hermana…
-¿Alguien más?
-No…
-¿Estás con alguien más?
-No… ya te dije…
-¿Tenemos algún compromiso tu y yo?
-No… ¿Por qué?
-¿Vas a estar con alguien más?
-No…
-¿Puedo estar con alguien más?
-Ah… sí… por supuesto
-OK….
-Bye…
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-¿Cuándo vas a estar conmigo?
-¿Qué?
-¿Cuándo vas a estar conmigo?
-Cuando pases tu exámen…
-¿Por qué eres tan mierda?
-¿Qué?
-Eres una mierda… te odio… chinga tu madre… ojalá te mueras.
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Te invito un Sidral.
Agosto 25, 2007
Hay noches en las que ya tienes todo trazado, ya sabes en que consistirá tu atuendo de esa noche. Guayabera de manga larga color blanca, pantalón de vestir negro y zapato negro para hacerle honor a los grandes escritores latinoamericanos sin que nadie se percate.
Sabes que llegarás al antro, pedirás el mismo licor de siempre, con los mismos amigos, bailarás las canciones que te gustan, tal vez encuentres a una amiga con la cual bailarás un rato para no sentirte desdichado. Regresarás a tu casa a las cinco de la mañana, tal vez meterás tu mano al pantalón y disfrutarás de tus momentos solitarios.
Pero siempre puede ocurrir que cambie el plan.
Como encontrarte a una chica que esté bailando con tu amigo. Que tu amigo con desesperación te la eche encima para deshacerse de ella tu sin saber porque. Pensar que eres más guapo que Brad Pitt porque le gustas tanto a la chava que hace que su trasero tenga mucho contacto con tu cuerpo. Que cuando hablas a una distancia tal vez un poco muy cercana de ella sientes pequeñas gotas caer sobre ti. Decidir ignorar dicha situación argumentándote que simplemente le gusta mucho el pato Lucas.
Descubrir que esas pequeñas gotas que caen sobre ti, no es saliva, sino sangre es una situación que corrompe, destruye y mata todo tipo de plan. Ni en la mente más perversa de un cineasta gore o Quentin Tarantino se podría haber ideado dicha situación.
Esa enorme cantidad de gotas que caían sobre mi era sangre. Sangre. No saliva. Sangre. ¿Acaso comió una carne muy cruda?. ¿Habrá mordido a alguien?. ¿Tendrá SIDA?. ¿Tendré SIDA?. Me lleva la verga, tendré que hacerme análisis del SIDA. Ya me cargó la chingada, tengo Sidral. Madre santa, estando tan joven y apuesto, apenas estoy en la plenitud de mi vida. ¿Cómo le diré a mis padres?. ¿Cómo explicarles que por culpa de una maldita chava que escupía sangre tengo sida?. Pinche golfa, deja de escupirme ya. ¿Cómo me deshago de ella?.
—Erm, oye voy al baño, ahorita regreso y te caigo en tu mesa ¿va?—en tus sueños sidosa.
—Sí, ¡pero vas!, no me dejes plantada—sí, sí te voy a dejar plantada.
Me dirigí al baño. Me lleva, tan bonitos planes que había trazado para mi esta noche. Ahí está mi amigo que me la echó encima, maldito qué se cree, le voy a echar bronca. Su camisa parecía las reminiscencias de un campo de batalla de la segunda guerra mundial. Me compadecí.
—¿Qué pedo?. Esta morra escupe sangre.
—Sí, no mames ya me echó a perder la camisa. La camisa vale madres… ¡el SIDA!.
—Dicen que la sangre no se quita.
—Pues habrá que ver.
Me quedé en el baño un buen rato, para que ella pensara que ya me había ido.
Después de cuarenta y cinco minutos salí y me dirigí a la barra.
—Cantinero, déme el shot más fuerte que tenga.
—Y ahora, ¿qué pasó mi jovenazo?. ¿Problemas?— mientras me servía un caballito con el ron más barato que podría existir.
—Pues sí, me pegaron el SIDA— y me tomé el caballito de fondo.
—Uy sí, eso es malo. Son cincuenta pesos.
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Vieja Escuela.
Agosto 17, 2007
Hemos vuelto, con más verborrea que nunca. Ni Octavio Paz, Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco juntos podrían escupir más idioteces literatas de lo que nosotros haremos en los siguientes meses.
Hemos vuelto, con nuevas experiencias que adornarles y exagerarles, para que ustedes, nuestros burdos y faltos de intelecto lectores puedan decir con gran ahínco —¡Ah, pero mira que graciosos!—.
No estábamos muertos, estábamos desmayados por tanto alcohol consumido mientras lo poco de consciencia que nos quedaba nos hacía aferrarnos a las botellas de alcohol con ambos brazos, mágicamente sin derramar ni una sola gota.
Aquí estamos, frescos cuales lechugas sonrientes y para que ustedes puedan sonreír como dichas lechugas peculiares, he juntado una pequeña colección de escritos viejos, de hace unos cuantos años que sólo los lectores de la vieja escuela de strikter y/o guácala podrán conocer.
Sin más que agregar, lean y relean. No sean mensos.
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Elevadores y heroísmo
Agosto 16, 2007
Heroísmo:
1 Conjunto de cualidades propias del héroe.
2 Acción propia del héroe.
Usualmente asociado con el patriotismo y en Selecciones frecuentemente con accidentes automovilísticos o algo de bomberos, todos tenemos la oportunidad de ser héroes. Si, un momento, ese instante donde te agarras los huevitos por un soplo, salvas la situación, y segundos después estas rodeado de elogios, con bellas féminas de blonda cabellera adornada con guirnaldas de olivos y aires de hada celta que te lanzan flores y te convierten en objeto de sus fantasías sexuales en medio festines donde la cornucopia queda como una fruslería, todo por hacer algo un momento.
La realidad es mucho más ordinaria, y en mi caso ingrata. Hoy, mientras me dirigía hacia una sala de lectura en la biblioteca central, para impregnarme de sabiduría, una muchedumbre de conserjes orquestados por gritos de pánico llamaron mi atención. Fingí indiferencia parando mi biónica oreja derecha para enterarme del chisme… una muchacha se había quedado atorada en el elevador entre dos pisos a causa de un apagón. Antes de dar un paso hacia mi destino, una fuerza me obligo a virar y acudir en auxilio. Con todo el porte posible, digno de Christopher Reeve en superman, me acerqué y antes de abrir la boca un chaparrón me dijo “Échanos la mano…” . Yo, al verlos forcejeando contra las puertas atoradas, me arremangué y en troglodita movimiento me abalancé contra la puerta haciendo gala de todo mi físico, entre gruñidos, empujones y un pedito que se me salió (por el esfuerzo) logré abrir la puerta unos 10 centímetros. Así, imaginaba, conforme se abrían las puerta, a mi hermosa doncella, la cual al salvarla, se entregaría a todos mis comandos, sin importar su oscura índole. Al terminar mi demostración de fuerza baje la mirada para contemplarla… la palabra esperpento me vino a la cabeza…
Quedé inmutado ante el horror, cuando un: “Chale chavo, te hechastes la puerta, nomás queríamos que metieras la llave… es que no le llegamos…” me sacó del trance. Recapacité, recobre el aliento, tome la llave la inserté y las puertas se abrieron, la fea muchacha salió casi disparada, sin mirarnos y sin decir nada, perra ingrata. Héroes, heroísmo, ¡ja! No vuelvo a sudar gratis por nadie.
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