Estoy bien guapo

Era un día como cualquier otro dentro del cuerpo de Malva. El hígado sufría de las insolentes cantidades de alcohol recibidas, los pulmones sentían que eran parte de una jornada laboral en una mina de carbón, el cerebro luchaba contra todo tipo de impacto fuerte recibido para así no perder las pocas neuronas que quedaban. Un día común y corriente dentro del cuerpo de Malva, dónde la lucha por la salud y el vicio era el combustible para seguir adelante.

Sus órganos tenían una relación de amistad muy profunda ya que desde que recuerdan han estado juntos, sufriendo de los mismos males y placeres, de las mismas felicidades y tristezas. Gozaban de un lazo que pocos tenían y que muchos envidiaban. La armonía que se daba ahí adentro era casi perfecta. Casi, porque siempre hay un oveja negra que tiende a destruir todo lo bello y hermoso de la existencia.

Nunca supieron a qué se debía su alienación de todos los demás, los demás órganos nunca sintieron que fueron malos con él, tal vez sufría de algún tipo de desorden social, pero desde siempre fue señalado como el desadaptado.

—Se avecinan problemas— dijo el cerebro con un tono extrañamente sobrio, —tenemos que prepararnos—. Todos los demás órganos quedaron contrariados, no sabían a lo que se refería el magnánimo cerebro.

—Pero ¿a qué te refieres?— preguntó el corazón —yo me siento bien, y creo que todos nos sentimos bien, vivimos en un estado de perfecta armonía y solidaridad, no veo porque habría que salir algo mal… todos sabemos que al hígado le quedan fácil otros cinco años de vida útil—.

—Alguien de nosotros nos traicionará, antes del amanecer atacará a nuestro armonioso biorritmo— advirtió el cerebro.

Debido a que los órganos del cuerpo de Malva no estaban acostumbrados a la sospecha, no se les ocurrió pensar en el único que no estaba integrado. Sí, aquél que nadie sabía para que funcionaba y que era un desadaptado. El apéndice vermiforme.

Los rumores decían que tan sólo era un vestigio evolutivo y que por ello no tenía función alguna dentro de Malva. El páncreas lo solía molestar de que sólo era una tubo sin salida del ciego, que no era más que una extensión de una extensión, todos reían, el apéndice sólo se quedaba callado en su lugar. Las amígdalas bromeaban con el estómago de como ya ni la glándula pineal era inútil, entre ellos reían en voz baja.

El cerebro se encontraba descansado después de un arduo día de cálculos aritméticos sencillos, cuando éste fue despertado por un ruido inesperado.


—¿Qué madres pasa aquí?.

—Algo me pasa, no puedo digerir los alimentos— contestó el estómago entre dientes.

—No me diga que este cabrón volvió a comer camarones de hace tres días y sushi del puesto ambulante.

—No, esta vez comió una ensalada bastante sana y bien hecha.

—¿Malva?

—Sí, creo que quiere adelgazar—. Ambos rieron intensamente, pero su risa fue interrumpida por otra sesión de vómitos.

Los demás órganos despertaron de su dulce sueño al sentir calor. Estaban siendo atacados por la fiebre, todos los órganos entraron en pánico, no sabía que hacer, no sabían que causaba esto. La gota que derramó el vaso fue cuando notaron notaron que los leucocitos estaban aumentando de forma alarmante.

El cerebro, fatigado por la fiebre, la falta de sueño y la salpicadera de vómito notó que todos los órganos estaban consternados menos uno. El desadaptado. El apéndice vermiforme.

—¡Es él!— exclamó el cerebro, —él nos está haciendo esto—. Una turba iracunda con trinchos y palos de órganos se volcó contra el apéndice vermiforme, lo querían linchar.

El tumulto de órganos acorraló al apéndice vermiforme junto al intestino delgado, estaba rodeado, sin salida, pero su cara era serena cual político corrupto.

—¿Por qué nos haces esto maldito, por qué?.

—¿Por qué?— respondió el apéndice con un tono de condescendencia —¿te atreves a preguntarme el por qué de esto? ¿acaso eres pendejo? ¿acaso no te das cuenta del sufrimiento que paso encerrado en este tambo de grasa y órganos felices?. Ustedes malditos que siempre están haciendo algún tipo de labor en cambio yo me la paso ahí, pegado al ciego sin hacer nada de mi vida. Para ustedes no soy nada, ¡nada!. Dicen que soy un desadaptado, pues tal vez lo sea, porque yo sé que no pertenezco en este mísero lugar, yo nací para tener un propósito en la vida, y no estar aquí de sobra. Dicen que soy un vestigio evolutivo, ¡ni madres! yo no nací para ser ignorado, yo merezco algo más que estar aquí como pendejo todo el tiempo, viéndolos reír y gozar de todos los excesos de alcohol y nicotina mientras que yo, no hago nada, no puedo hacer nada, en este cuerpo sobro. Yo siempre quise ser útil, quise hacer algo de mi existencia pero ustedes nunca me preguntaron si quería participar, claro “yo no sirvo para nada”, pues verán cabrones como sí sirvo para algo. Aunque me cueste la vida—.

Un haz de luz se vio entrar por encima de donde tenían acorralado al apéndice vermiforme. Fue una visión espectacular para todos. Una mano extraña entró y tomó al apéndice vermiforme sujetándolo con fuerza y otra mano se encargó de cortar su precaria unión con el ciego.

—¡Ha! no pudieron conmigo, yo sabía que mi vida iba a ser más trascendente— gritó el apéndice vermiforme mientras era retirado del cuerpo de Malva.

—Creo que todo volverá a la normalidad— dijo el cerebro.

-Dedicado a Malva, quien fue intervenido de emergencia por un caso de Apendicitis hace unos días. Este relato fue la recreación parcial o total de los hechos ocurridos previos al incidente quirúrgico. Malva está en recuperación y pronto regresará. Sus días inhábiles serán sin paga alguna por parte de strikter.com, gracias.

Escrito por strikter |


8 Comentarios »

  1. estoy de acuerdo…
    el apendice es quien lleva la vida mas depresiva. es el chico grungy del cuerpo.

    …lo bueno es para malva. ahora si podra comer de todo tipo de cochinadas.

    Comentario por arQturo — Junio 2, 2007 @ 12:20 pm

  2. Gracias por los buenos deseos, yo también espero que el hígado me dure cinco años más.

    Comentario por Malva — Junio 2, 2007 @ 2:37 pm

  3. Eso es querer a tu amiga.

    Comentario por okeimakei — Junio 3, 2007 @ 6:55 pm

  4. Malva es un hombre.

    Comentario por strikter — Junio 3, 2007 @ 8:20 pm

  5. eso dicen jajajajajaj pero te consta???

    Comentario por marcela freig — Junio 3, 2007 @ 8:29 pm

  6. Jajajajajaja no mames estuvo de huevos, a mi tampoco me consta que malva no sea mujer, u hombre o una forma comun de vidaen cualquierta de sus dimensiones, jajaja saludos gordo, que te mejores

    Comentario por rafa (eloko) — Junio 8, 2007 @ 2:01 am

  7. retebueno el relato ! me encata como escribes

    Comentario por mimi — Junio 17, 2007 @ 8:23 pm

  8. eres un genio…fin

    ahora deberias analizar que problemas psicologicos tiene el cerebro de malva y por que fuma tanto, los isguientes son su pulmones…

    Comentario por laflakha — Mayo 28, 2008 @ 7:20 pm

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