Estoy bien guapo

Es difícil hablar del tema del cual voy a hablar ya que éste ha sufrido de un estigma social tremendo debido a ciertas ideologías religiosas que asustan a los pobres jóvenes imberbes creyentes de instituciones que dicen responder a míticos dioses vengativos y que mandan inundaciones. Más difícil es el hecho de no hacer un chiste de mal gusto sobre el tema que pueda asquear a propios y extraños. Casi imposible es el hecho de que mi mamá está leyendo justo esto sospechando ya del tema de éste simple y carnal post.

No me mal interpreten mis queridos (dos) lectores, no soy de esos moralinos que juzgan a las personas por sucumbir a placeres carnales, no soy de esos que después de hacerlo me ponga debajo de la regadera a llorar mientras me balanceo diciendo “eres un niño malo, malo, malo”. Ustedes saben de mi afinidad por retar ciertos parámetros sociales y éste es uno de ellos, pero no se puede evitar sentir cierta pena, ¿sí?.

Según mis recuerdos no reprimidos nunca fui encontrado haciendo dicho acto impúdico, siempre supuse que se debía a mi habilidad de ser poco obvio en ello y de lograr esconderlo ante los ojos de mi progenitores.

Hace unos días charlando amenamente con la progenitora versión femenina me comentó que alguna vez cierto doctor le recomendó que cuando estuviéramos —mi hermano y yo— en la edad que se presta a esta actividad nos dejara practicarla a todo pulmón… o brazo, ya que si ella se hubiera encargado de interrumpirnos a medio acto pecaminoso nos hubiera generado cierto desorden… sí, ese desorden, ese acerca de la prontitud en llegar… o venir.

Esa plática me dio a entender que tal vez no es que yo fuera un as en esconderme al hacer dicha actividad, sino que mi madre, comprensiva de mi edad y situación hormonal decidió no tomar cartas en el asunto, para que así la prontitud no llegara a ser un problema en algún futuro, lo cual no sólo se lo agradezco yo, sino casi un millón de mujeres.

Esto nos habla de los diversos niveles de consciencia que tenemos al crecer, mientras yo creía que mi mamá no sospechaba ni un poquito, un primo que convivió conmigo a sus 14 años mientras yo ya había pasado esa etapa en verdad creía que me podía convencer que esos 30 minutos que estuvo encerrado en el baño fue porque le dolía la panza. Está bien, le creí el primer día y el segundo, pero se encerraba dos o tres veces al día en un lapso de cinco meses, a ese paso con diarrea ya hubiera estado deshidratado.

Temiendo tal vez que sus progenitores nos fueran tan comprensivos como los míos fueron conmigo, decidí sacar esa pequeña parte de responsabilidad paternal que tengo dentro de mi. Traté de actuar complaciente y maduro, para que no sintiera que me burlaba de él. Me aseguré que tuviera las manos lavadas después de que pasó 45 minutos encerrado en el baño y le dije “vamos, no te preocupes, va a estar contigo toda la vida, te lo digo porque yo ya pasé por ahí y veme estoy normal”. Vi en sus ojos un poco de agradecimiento y pena, sé que no me quería aceptar su gusto por aquél hobbie. Me fui creyendo que hice un buen trabajo y esperando que en verdad ese día no tuviera diarrea.

—Mamá, voy al baño… erm… tengo diarrea.

Escrito por strikter |


3 Comentarios »

  1. Oh myy!
    porq son tan chaketeros eeee
    jajajaja
    :*

    yo tmb tengo diarrea
    es masss, me pudro de caca
    jajajajaj

    Comentario por Donna — Mayo 29, 2007 @ 10:31 pm

  2. ami aveces me siguen saliendo pelos en la mano ^^

    Comentario por arQturo — Junio 2, 2007 @ 12:00 pm

  3. no puedo creer ke acabo de tomar cinco minutos de mi vida para ver la historia de como es la etapa de masturbacion de los niños… boys will be boys… jajajaja.. l8r sk8r

    Comentario por marcela freig — Junio 3, 2007 @ 8:19 pm

RSS de los comentarios de esta entrada. TrackBack URI

¡Comenta!