Zafiro Filosofal
Mayo 9, 2007
Abro los ojos repentinamente, solo veo un piso de piedra casi negro que hela mis extremidades, por mera precaución o temor a la circunstancia, me quedo inmóvil unos instantes. Asombrado por mi incómoda posición, dudo en alzar la mirada, pero la curiosidad gana e intento mirar que ocurre.
-¡No se muevan, no se rían, no alcen la cabeza!… ¡Quietos… quietos!- Vociferan, casi como ladridos, unos hombres altos y rubios vestidos de negro.
¿Qué pasa, donde estoy? Discretamente levanto un poco la mirada y la escena es aún más asombrosa que el frío que me hace tiritar. Logro ver una catedral gigante de piedra casi tan negra como en la que estoy hincado, rodeada de incontables personas que al igual que yo se encuentran en posición fetal boca abajo completamente desnudos. Por más que intento, no le veo final a las hileras de gente desnuda, acomodados como si oraran hacia una mezquita.
-¡Ya casi… no se muevan…no se muevan!- Repiten nuestros centinelas. Bueno, al parecer no va a pasar nada, así que seguiré sus órdenes. Sé muy bien que la obediencia no es algo en mi naturaleza, pero al verme desnudo en un lugar desconocido creo prudente ser dócil.
Al regresar mi frente a la piedra, entre la unión de dos rocas, algo brilla y roba mi atención. Discretamente y para no provocar a mis guardianes, con suma delicadeza y discreción tomo la pequeña piedra de color azul, un fragmento de zafiro no mayor a un grano de pimienta negra. Obsesionado por su brillantez y su magnifico color azul la escondo como si fuera un tesoro único, pero hay un problema, estoy desnudo… ¿Donde la guardo?
Tras analizar un par de segundos donde, decido que la mejor opción, y aprovechando el diminuto tamaño, es ponerlo junto a la mugre de mis uñas. Lo hago y comienzo a fantasear de las mil y una aventuras que podré contar con mi nueva piedra preciosa y de cómo pasará de generación en generación perpetuando la leyenda de mi vida a través de mis herederos y maldigo si algún tataranieto vicioso la cambiase por alguna botella de licor.
-Gracias eso es todo ya se pueden parar.- ¿eh?…A si, ya se donde estoy y por que tanto encuerado. Por un momento olvide que estaba en la fotografía de Spencer Tunick. Ya ubicado y feliz por mi hallazgo camino entre la muchedumbre. Sigo las instrucciones de los voluntarios a quien antes llamé centinelas, tocando siempre, entre la mugre de mis uñas, mi precioso tesoro.
-Se tienen que poner en posición de firmes alzando la mano izquierda…no…¡la otra izquierda!
Mientras alzaba el brazo podía ver como de la punta de mi dedo surgía un aura azul-morada y me fascinaba más y más con la idea de que era solo mía.
-Chanzón, chanzón…
-¡Hey putos no empujen!…¡No!…mi piedra….adiós a la leyenda…
Escrito por Malva |
1 Comentario »
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Malva, eres un depravado!!!!!!!!!!!
Comentario por 445 — Mayo 10, 2007 @ 5:56 pm