… de la adolescencia y sus males.
Mayo 29, 2007
Es difícil hablar del tema del cual voy a hablar ya que éste ha sufrido de un estigma social tremendo debido a ciertas ideologías religiosas que asustan a los pobres jóvenes imberbes creyentes de instituciones que dicen responder a míticos dioses vengativos y que mandan inundaciones. Más difícil es el hecho de no hacer un chiste de mal gusto sobre el tema que pueda asquear a propios y extraños. Casi imposible es el hecho de que mi mamá está leyendo justo esto sospechando ya del tema de éste simple y carnal post.
No me mal interpreten mis queridos (dos) lectores, no soy de esos moralinos que juzgan a las personas por sucumbir a placeres carnales, no soy de esos que después de hacerlo me ponga debajo de la regadera a llorar mientras me balanceo diciendo “eres un niño malo, malo, malo”. Ustedes saben de mi afinidad por retar ciertos parámetros sociales y éste es uno de ellos, pero no se puede evitar sentir cierta pena, ¿sí?.
Según mis recuerdos no reprimidos nunca fui encontrado haciendo dicho acto impúdico, siempre supuse que se debía a mi habilidad de ser poco obvio en ello y de lograr esconderlo ante los ojos de mi progenitores.
Hace unos días charlando amenamente con la progenitora versión femenina me comentó que alguna vez cierto doctor le recomendó que cuando estuviéramos —mi hermano y yo— en la edad que se presta a esta actividad nos dejara practicarla a todo pulmón… o brazo, ya que si ella se hubiera encargado de interrumpirnos a medio acto pecaminoso nos hubiera generado cierto desorden… sí, ese desorden, ese acerca de la prontitud en llegar… o venir.
Esa plática me dio a entender que tal vez no es que yo fuera un as en esconderme al hacer dicha actividad, sino que mi madre, comprensiva de mi edad y situación hormonal decidió no tomar cartas en el asunto, para que así la prontitud no llegara a ser un problema en algún futuro, lo cual no sólo se lo agradezco yo, sino casi un millón de mujeres.
Esto nos habla de los diversos niveles de consciencia que tenemos al crecer, mientras yo creía que mi mamá no sospechaba ni un poquito, un primo que convivió conmigo a sus 14 años mientras yo ya había pasado esa etapa en verdad creía que me podía convencer que esos 30 minutos que estuvo encerrado en el baño fue porque le dolía la panza. Está bien, le creí el primer día y el segundo, pero se encerraba dos o tres veces al día en un lapso de cinco meses, a ese paso con diarrea ya hubiera estado deshidratado.
Temiendo tal vez que sus progenitores nos fueran tan comprensivos como los míos fueron conmigo, decidí sacar esa pequeña parte de responsabilidad paternal que tengo dentro de mi. Traté de actuar complaciente y maduro, para que no sintiera que me burlaba de él. Me aseguré que tuviera las manos lavadas después de que pasó 45 minutos encerrado en el baño y le dije “vamos, no te preocupes, va a estar contigo toda la vida, te lo digo porque yo ya pasé por ahí y veme estoy normal”. Vi en sus ojos un poco de agradecimiento y pena, sé que no me quería aceptar su gusto por aquél hobbie. Me fui creyendo que hice un buen trabajo y esperando que en verdad ese día no tuviera diarrea.
—Mamá, voy al baño… erm… tengo diarrea.
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Ira
Mayo 26, 2007
Te odio y te desprecio, mientras, mi piel añora aquellos momentos donde se fundía en tus labios y éstos estremecían los restos de humanidad en mi persona. Aquí estoy, solo y a la vez acompañado de ánimas decadentes firmes a mi pasado, entre humo y aguardiente de caña, creando ambientes posiblemente inexistentes, en un lugar tan bizarro que me hacen dudar de mi cordura.
La luz, maldita luz, no deja de titilar, inundando, por instantes, de rojo color la habitación, un rojo fuego, que enardece mi incertidumbre, y que con cada centelleo dibuja en mi mente tu ausencia, peor aún, construye mis temores de traición una y otra vez.
En cóctel sicodélico se mezclan luces y melodías que me hacen recordar atmósferas de cantina que contrastan con sonidos estridentes y sintéticos. Canciones que fusionan elementos autóctonos y modernos. Cosa común en éstas fechas, donde la creatividad se reduce a la vivacidad para pepenar elementos pasados y darles solo un toque personal. Ya nadie piensa por si mismo.
Pero a pesar de mi inconformidad por las tendencias musicales actuales, tengo cosas más preocupantes e irreales en las cuales gastar mis ánimos. ¿Dónde estás? ¿Que haces en este instante mientras yo me lamento no poder estar contigo? La idea de que disfrutes tu libertad me enferma al amalgamarse con revelaciones de verdades ocultas anteriores.
Mientras más bebo, más pienso, una y otra vez en ti, y todo mi amor se convierte en ira, producida por cruel impotencia que a su vez es producto de una falsa confianza auto impuesta en un gesto de civilidad.
Te odio. El solo ver tu rostro en mi mente, sea cual sea la circunstancia que lo origine, me produce punzadas en el estomago. Quisiera que no existieras. Sí, te odio. ¿Odio? ¿Realmente lo hago? ¿O confundo las emociones por el coraje de saberte cerca y no poder tocarte? La ira me destruye, porque te amo y no estás junto a mí.
¡Maldita luz!
Escrito por Malva | Comentarios (2)
Obrigado.
Mayo 10, 2007
Estuve bastante tiempo pensando cual sería la forma más adecuada, graciosa y pseudointelectualoide en la cual podría expresar de cierta forma mis sentimiento hacia ti. Escribí uno que otro chascarrillo relacionado con Freud y su psicoanálisis, algunos cuantos que terminaban de manera cursi y tierna, también pensé en hacer una parodia de la canción “Mamá” de Timbirche, que según recuerdo alguna vez dijiste que te hace llorar. Mi lado izquerdista revolucionario también tuvo su presencia y pensé en hacer una crítica satírica a la arbitraria tradición que en verdad es este día.Pero nada de lo que escribía podía englobar lo que siento. Sólo una palabra que seguía aparenciendose en mi cerebro.
Gracias.
Gracias por haberme metido a todo tipo de clases artísticas y de deportes que haya querido. Gracias por no haber dicho nada cuando me oías tocar la guitarra y cantar. Gracias por aguantarme y no correrme de la casa cuando lo merecía. Gracias por agarrar el cinturón más blandito aquella vez. Gracias por pagar el alojamiento de este sitio. Gracias por leerme. Gracias por dejarme ser como soy pese a que no siempre estés de acuerdo. Gracias por decirme que soy guapo. Gracias por venir a visitarme cuando me fracturé el brazo. Gracias por darme una segunda oportunidad. Gracias por la tercera oportunidad. Gracias por la cuarta y por la quinta que de seguro vendrá. Gracias por los regaños. Gracias por los apapachos. Gracias por las lágrimas. Gracias por las risas. Gracias por los sacrificios. Gracias por tratar de comprenderme. Gracias por enseñarme a leer libros. Gracias por llevarme a clases todas las mañanas. Gracias por obligarme a ir al gimnasio. Gracias por siempre tener revistas selecciones y tvynovelas. Gracias por apoyarme siempre en casi todo lo que elijo. Gracias por tratar de hacerme ver las cosas.
Sin ti en mi vida no sería nada de lo que soy, todo lo bueno y lo malo te lo debo a ti y todo lo que logre en mi vida será gracias a ti. Gracias por ser tu.
Gracias, mamá.
Escrito por strikter | Comentarios (2)
Zafiro Filosofal
Mayo 9, 2007
Abro los ojos repentinamente, solo veo un piso de piedra casi negro que hela mis extremidades, por mera precaución o temor a la circunstancia, me quedo inmóvil unos instantes. Asombrado por mi incómoda posición, dudo en alzar la mirada, pero la curiosidad gana e intento mirar que ocurre.
-¡No se muevan, no se rían, no alcen la cabeza!… ¡Quietos… quietos!- Vociferan, casi como ladridos, unos hombres altos y rubios vestidos de negro.
¿Qué pasa, donde estoy? Discretamente levanto un poco la mirada y la escena es aún más asombrosa que el frío que me hace tiritar. Logro ver una catedral gigante de piedra casi tan negra como en la que estoy hincado, rodeada de incontables personas que al igual que yo se encuentran en posición fetal boca abajo completamente desnudos. Por más que intento, no le veo final a las hileras de gente desnuda, acomodados como si oraran hacia una mezquita.
-¡Ya casi… no se muevan…no se muevan!- Repiten nuestros centinelas. Bueno, al parecer no va a pasar nada, así que seguiré sus órdenes. Sé muy bien que la obediencia no es algo en mi naturaleza, pero al verme desnudo en un lugar desconocido creo prudente ser dócil.
Al regresar mi frente a la piedra, entre la unión de dos rocas, algo brilla y roba mi atención. Discretamente y para no provocar a mis guardianes, con suma delicadeza y discreción tomo la pequeña piedra de color azul, un fragmento de zafiro no mayor a un grano de pimienta negra. Obsesionado por su brillantez y su magnifico color azul la escondo como si fuera un tesoro único, pero hay un problema, estoy desnudo… ¿Donde la guardo?
Tras analizar un par de segundos donde, decido que la mejor opción, y aprovechando el diminuto tamaño, es ponerlo junto a la mugre de mis uñas. Lo hago y comienzo a fantasear de las mil y una aventuras que podré contar con mi nueva piedra preciosa y de cómo pasará de generación en generación perpetuando la leyenda de mi vida a través de mis herederos y maldigo si algún tataranieto vicioso la cambiase por alguna botella de licor.
-Gracias eso es todo ya se pueden parar.- ¿eh?…A si, ya se donde estoy y por que tanto encuerado. Por un momento olvide que estaba en la fotografía de Spencer Tunick. Ya ubicado y feliz por mi hallazgo camino entre la muchedumbre. Sigo las instrucciones de los voluntarios a quien antes llamé centinelas, tocando siempre, entre la mugre de mis uñas, mi precioso tesoro.
-Se tienen que poner en posición de firmes alzando la mano izquierda…no…¡la otra izquierda!
Mientras alzaba el brazo podía ver como de la punta de mi dedo surgía un aura azul-morada y me fascinaba más y más con la idea de que era solo mía.
-Chanzón, chanzón…
-¡Hey putos no empujen!…¡No!…mi piedra….adiós a la leyenda…
Escrito por Malva | Comentarios (1)
La puntita (continuación de “Mareo”)
Mayo 2, 2007
“Acéptalo
no estamos para el romance
entreguémonos al trance
que eso si es para los dos.”
Tomo tu mano con firmeza, pero siendo lo mas delicado posible, procurando no lastimarte con mi habitual torpeza incrementada por el alcohol. Camino sin pensar hacia el piso de arriba esperando tener mas privacidad. Hay suerte, esa parte está casi vacía a excepción de unos meseros y un par de parejas con intensiones similares a las mías.
Te llevo a una mesa y te pido que te sientes, después tomo lugar junto a ti e intento entrelazar nuestros dedos por décima vez en la noche. Por fin lo logro. Sentados juntos en la penumbra, solo veo tus ojos que sobresalen y los cuales me cautivan. Esporádicos “flashes” me permiten ver con claridad tu rostro, aunque no es necesario, lo memoricé desde que te encontré esa noche.
-¿Qué pasa Malva?
Silencio. En un momento mágico, todo desaparece, ya no hay nadie viendo, ya no hay oscuridad, la fuerte música electrónica pasa de un ruido estridente a una inaudible sensación de vibración en mi cuerpo y en total calma quedo hipnotizado por tus ojos. ¡Ah!, la ventana del alma, como muchos dicen, ventana por la cual trato de ver y conocer tus pensamientos. Al notar tu preocupación por mi estado de trance, regreso de golpe y todo vuelve a su lugar y mis oídos zumban nuevamente, estamos acompañados otra vez y todo es como al principio.
-¿Qué pasa Malva?¿estás bien?
Vaya que lo estoy nena, estoy viviendo un momento que dibujé tantas noches en mi mente, un momento que ha sido planeado tan meticulosamente y repasado de principio a fin por meses, claro, el escenario no es el previsto. Procuro recordar todas las poesías escritas por mi sólo para ese momento. Error fatal, mi mente esta en blanco y solo pienso en tus labios que me han rechazado y tus ojos cautivadores.
-¿Y bien que me querías decir?
Para ganar unos minutos llamo al camarero y ordeno un paquete de cigarrillos “Camel´s”, mis favoritos. Mientras guardamos silencio y jugamos a contemplarnos.
-Aquí tiene jovenzazo…
Demonios…los ha traído muy rápido. Enciendo uno y me armo de valor. Expongo mi sentir, mi miedo mi pesar y tú, tú solo te limitas a escuchar y asentir con cabeza. De pronto un golpe de suerte, el bullicio del lugar impide que escuches mi ronca voz.
-¿Qué?-dices mientras te acercas a mi para escuchar lo que dije. Ahora… Ataco por segunda vez. La pasión es innegable. Explosión de sensaciones, recuerdos olvidados y emociones perdidas se materializan una y otra vez dentro de mi mezclándose en cóctel de vida. Nos besamos una y otra vez como si fuera en fin del mundo y solo pudiéramos hacer eso y forcejeamos por el dominio del momento, cada intento en forma de caricia, que pasa de tierna a salvaje en un movimiento. No se cuanto ha pasado, pero no es suficiente.
Al terminar, quizás inhibidos por la muchedumbre o por miedo a los sentimientos, miras tu reloj y te das cuenta de la situación. Hace horas que debías haber partido. A pesar de la desesperación y el apuro, te das un momento para la despedida. Otro éxtasis.
Atravesamos el lugar tomados de la mano con la mayor normalidad y serenidad, como si lo nuestro fuera de años. Abro paso entre los alcoholizados bailarines protegiéndote de cualquier contacto con éstas frívolas criaturas mientras disfruto de casa instante. La travesía llega a su fin y tus preocupados acompañantes lanzan un par de reclamos contra de ti. Das breves explicaciones mientras subes sin decirla adiós. Yo le resto importancia a tu descuido y levanto mi mano en señal de despedida. De la nada te asomas por la ventanilla y me dices:
-Llámame…
Lo haré nena, lo haré…
Continuará…
Escrito por Malva | Comentarios (2)
