Estoy bien guapo

Mareo

Abril 30, 2007

“Me da vergüenza y no sé si decírtelo
Si se me nota no levanto la mirada
Y me derrito si te tengo cara a cara
Si te encuentro a solas
Vuelvo a creer en dios.”

-Malva…¡No!

¿Malva no?, ¡Ah!, si cobrara una moneda cada vez que he escuchado eso, quizá ya seria millonario. Mi vida entera ha estado poblado de “Malva ¡no!”, realmente esa cómica oración jamás ha causado efecto en mi y no me ha detenido nunca. Pero ahora, sale en forma de tierno susurro de tus labios mientras torpemente me acerco a tu boca con intenciones más que definidas y me estremece el pensar su significado… por primera vez en mi vida.

Guiado por la inercia de mi insensatez, logro asestar un tierno beso en tu rosada mejilla, he fallado, yo le apuntaba a los labios. Mientras recupero la postura y enderezo mi espalda, logro percibir el olor de tu piel, tu sudor, tu ropa, tu perfume, tu esencia que sobresale de este cubil inmundo plagado de olores mundanos y comunes, sí, tu piel enamora mi olfato mientras cobro consciencia de tu “Malva ¡no!” y busco en mi memoria su significado. Al no encontrarlo, lo invento en un instante y una punzada destruye mi estómago. Ya sé qué es un “Malva ¡no!”.

Ya reincorporado miro tus pequeños ojos, confundidos por mis actos, buscando una respuesta ante tal ataque, yo, solo acaricio tu bello rostro mientras las parpadeantes e intensas luces del lugar desconciertan mi mirada y me roban instantes de ti entre el clímax de la ocasión.

-¿Por qué lo hiciste Malva?- Preguntas mientras cedes discretamente al momento, me limito solo a abrazarte, esperando una rígida respuesta. Ocurre lo contrario, devuelves el detalle poniéndote cómoda, recargando tu cabeza en mi hombro, no puedo evitar pensar lo placentero que me resulta tu caricia y lo confortable que me resulta, tampoco puedo evitar pensar en las miradas sorprendidas de nuestro acompañantes y amigos en común, que al notar lo que ocurre fingen normalidad y de vez en cuando lanzan miradas indiscretas para conocer la situación.

Tras un par de eternos segundos te dejo libre, vuelvo a mi pequeña mesa y me sirvo un trago más que fuerte que bebo como si fuera agua, esperando que el ardiente alcohol borre mi error y cambie los acontecimientos de hace unos instantes. Por mero instinto y curiosidad volteo hacia ti y te miro fijamente. Me lanzas una sonrisa que me invita al coqueteo. No necesito más alcohol.

-¿Por qué lo hiciste?- ¿por qué nena?, es más que obvio pero guardo silencio por que prefiero el lenguaje de las miradas para éstas situaciones. Aunque no es necesario, bebo más, siento como se relaja y quema el pecho, creo que es el alcohol, o eso quiero pensar. Espero que no sea mal de amores. Seguido, tomo tu mano para llevarte a un lugar apartado y lejos del bullicio poder explicar mis motivos sin tener que gritar en tu oído y aunque me encanta la idea de tener una conversación tan de cerca, guardo la compostura.

Continuará…

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Si el banco central quiere bajar la oferta monetaria puede empezar por subir el precio de los CETES, para que así la tasa de interés suba y la gente prefiera ahorrar. ¡Oh dios! el hombre de enfrente tiene una hormiga aplastada en su espalda, no Rodrigo, concentración, tienes que hacer el examen de economía.

El mercado de divisas invariablemente afecta el mercado de la oferta y demanda agregada. Pero ¿Cómo demonios es que tiene una hormiga aplastada en la espalda?. ¿Se revolcó por el suelo acaso?. Tal vez estaba haciendo cosas sucias con la chava con la que se le ve muy afectuoso… jiji, cochinones… No Rodrigo, concéntrate, tienes que hacer el examen. Ya sé, ya sé, odias la economía, pero lo tienes que hacer. Sí, sí, sí, muy pragmática y utilitaria, ya lo sé, sí, también sé que te molesta que los ecónomos no se preocupan por la gente sino por sus insulsos mercados nomás. Si se revolcó con la chava esta, pues no fue en una cama, a menos que fuera una cama muy sucia, la verdad esta chava se ve medio sucia, se me hace que hasta hormigas tendrá en su cama. Sí, hormigas y cajas de pizza de hace tres semanas, que asco, ojalá nunca me toque una chava así. Aunque una vez sí me pasó algo similar, pero no, nada que ver, no había hormigas o por lo menos eso creo. ¡Ey! ¡YA! a ver, ¿en qué estaba?. Ah sí, a ver, los diversos factores que pueden afectar la demanda agregada son, entonces si la chava es tan sucia y este hombre se ve tan bien arreglado que hasta corbata trae… no, eso no puede ser, entonces quiere decir que se revolcaron en algún jardín… ¡ay dios! estaba haciendo cochinada en los jardines de la escuela, impúdicos. ¡Qué envida!… ¿por qué yo no tengo con quien revolcarme?, la verdad hasta con esta sucia me revolcaría ahorita… pero no en su cama, capaz y me sale una cucaracha, malditas cucarachas, las odio, no me dan miedo pero me dan mucho asco, que bueno que ya tiene mucho tiempo que no veo una, ¿qué hora es?.

¡Ay dios! es el examen.

–Entreguen su examen, ya pasó la hora–

¿Qué? No mames, no me dio tiempo de contestar nada a ver, en chinga calcular el PIB dado que el gasto público fue de 60 millones y los impuestos recaudados 70 millones, vamos Rodrigo tu sí sabes vamos, a ver calcula el coeficiente, ¡uy!, creo que ya se le cayó la hormiga… nop, ahí sigue, maldito afortunado pudo revolcarse antes del examen.

–Entreguen su examen ya–

Oh. Problemas.

Oye wey, tienes una hormiga en la espalda, ahí está, sólo di eso, anda, dícelo, no seas tímido, investiga porque madres tiene una hormiga en la espalda, vamos pregúntaselo, tu sabes que te atormentará toda la noche no saber, vamos pregúntaselo, PREGÚNTASELO!

–Oye wey, tienes una hormiga aplastada en la espalda.

–¿Qué?.

–Que tienes una hormiga en la espalda.

–¡Ah! ¿Neta?.

–Sí.

–¿Ya?.

–No, más a la izquierda, un poco más… ándale, ya está.

–¡Gracias! es que hace rato me caí. ¿Cómo te fue en el examen?.

–Ermm, creo que bien.

Escrito por strikter | Comentarios (7)


¿Soy o fui?

Abril 18, 2007

Como es mi costumbre, pernoctaba frente a mi único medio de comunicación con el mundo exterior -mi amada computadora- mientras disfrutaba de una plática, que comenzó 6 horas antes, con la que quizá sea la única fémina que considero mi amiga. Mientras hablábamos de cosas intrascendentes, tocamos temas de nuestra historia juntos, entre todo, cuánto tiempo hace que nos conocíamos.

La cruda cifra salió a la luz…siete años… siete años de conocerla, peor aún, siete años que se suman a mi vida. Siete, buen número para apostar, para el cabala, para todo, menos para ser parte de mi pasado. Estoy envejeciendo y eso no me gusta.

Mientras la conversación seguía, aprovechaba las pausas en las respuestas de mi apreciada pareja de conversación para ver donde estaban mis siete años perdidos. Con desesperación, hurgué en mis cientos de carpetas de fotografías, tristemente, caí en cuenta de que no existe evidencia de mi pasado, o por lo menos no en fotografía. Lo único que encontré fueron los cientos de imágenes que mis conocidos me enviaron alguna vez para hacerme saber de sus aventuras o fechorías.

De repente, la salvación, una fotografía de mis años mancebos, evidencia de mi ser, una fotografía mía, con un pequeño inconveniente, salí portando una máscara de luchador (de Pierrot, para ser exactos). Al momento, sensaciones y placeres, olores y gustos, imágenes y alucinaciones invadían mi atrofiado y temeroso cerebro. Por algún extraño motivo, la histeria desapareció, y en orgásmicos pensamientos, reviví la aventura de esa noche, el Festival Hot Xalapa Tropic.

Durante más de media hora busqué en la red el sitio de dicho evento. Al encontrarlo, pude constatar que fue real y no producto de mi imaginación como muchas cosas que he vivido…creo. Entusiasmado, corrí a mi armario por mi máscara y me la puse. Fue más que mágico, conservaba toda su esencia, el olor a cerveza, sudor, licor de caña, marihuana, petróleo y coito. ¡Más que maravillosas experiencias viví con esa máscara!(en otra ocasión las contaré), la cual tenia más de 1 año de no portar.

Al sentirme tan bien por otrora tiempos vividos, recordando la borrachera, los pleitos callejeros, el slam, las mujeres y sobre todo la música, empezó mi verdadero problema: ¿Volveré a sentir lo mismo otra vez?¿Puedo ir a jugar a que soy un adolescente lleno de hormonas y a que el pequeño mundo no me merece? ¿Seré ridículo(como mi propia familiar me ha llamado en más de una ocasión) por querer vivir otra vez esas experiencias?¿O debo resignarme a encontrar sustitutos en una vida sedentaria para aquellas dosis de adrenalina?

Terminé mi conversación con la regia hembra entre afectuosas palabras, cumplidos, un coqueteo disimulado y crisis existenciales, después, me dediqué a resolver de mi dilema emocional.

¿Soy el rebelde con causa, dolor de cabeza, madreador, borracho, mujeriego que no pierde oportunidad de bailar un buen slam y vivir el rock? o ¿me he convertido en triste burócrata, cuasi-profesionista, que alimenta su alma con sobras de sus idealizados recuerdos de heroicas aventuras urbanas?

Quizá un poco de ambos. Pero ahondando un poco mas en dicho conflicto he llegado a la conclusión, de que no es el tiempo el problema, no es el decaimiento físico lo que restringe nuestra forma de ser, la verdadera razón, a mi parecer es más mundana, fría y estúpida.

Es la sociedad, si, esa palabra tan ambigua, llena de contrariedades, de falsas verdades absolutas, de insulsa moral, epítome de nuestra civilización y prueba de nuestra evolución, palabra tan odiada por punks (que para pesar de éstos, los creó), palabra maldita que nos dicta lo bueno y lo malo en base a creencias milenarias. Si, muy mala, pero indispensable. Por mucho que lo neguemos no seriamos nada sin “ella”.

¿Pero por qué marca nuestros ciclos de vida?, ¿los marca o sus cánones debilitan nuestras ilusiones que tras el paso de constantes golpes terminan por rendirse?, decidan ustedes, pensando en cuantos sueños dejaron atrás y cuantos placeres han perdido por seguir estas reglas.

Estoy de acuerdo en que para todo hay un “tiempo”, pero creo que ese “tiempo” sólo lo marcamos nosotros y no los años.

En lo personal trato de mantenerme en equilibrio, consciente de la evolución de mis responsabilidades (para fines de mera supervivencia), no olvido mis ilusiones, por más que pase el tiempo, eso si, consciente de las consecuencias de la búsqueda de éstas. Los invito, lectores de este espacio a que no dejen morir sus ilusiones, vivan sus recuerdos y hagan nuevos, hagan su tiempo.

Yo soy y fui, por que vivo en un mundo que fluctúa entre el pasado, el presente y el futuro, mis recuerdos alimentan mi presente y prevén mi futuro que será pasado.

P.D. El motivo de tan chulo debraye.

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Radio

Abril 16, 2007

Las industriales cantidades de ron blanco que mi cuerpo ha sido forzado –en contra de la voluntad de mi hígado– a consumir ha causado que el número de neuronas en mi cabeza haya decaído de manera alarmante, tanto ha sido así que para poder hilar una idea tengo ahora que ladear mi cabeza para que las únicas dos neuronas restantes se unan. Ahora tengo tortícolis por escribir este párrafo.

Esta falta neuronal ha causado que cada vez más mis sueños se hagan cada vez más aburridos y sin gracia alguna, por ejemplo, el lunes pasado soñé con una línea negra sobre un fondo estéril blanco. Fue tan aburrido que al despertar busqué el control remoto y traté de cambiar de canal, en efecto, mi coeficiente intelectual ha bajado.

A causa de mi falta de sueños interesantes, Ximena y Florencia –así se llaman mis dos neuronas restantes– se han encargado de recordar sueños pasados, sueños que tuve hace mucho tiempo que se encontraban archivados en mi otrora gran bóveda de inteligencia y memorias. Hubo un sueño que tuve a la corta e inocente edad de 5 años que consistía en que yo vestía un maltrecho y viejo disfraz de Súper Man –Súper Hombre si estás en contra de los anglicismos pero suena muy gay– y me encontraba en lo alto de las escaleras de la casa de mi señor padre, sorpresivamente el maltrecho y viejo disfraz me concedía como por arte de magia –blanca– el poder de volar, el sueño de cualquier niño –y la pesadilla de Buddy Holly, Ritchie Valens y Pedro Infante–.

Desde ese momento pensé “¿Por qué yo no podría ser un súper héroe?”, sabía que no podía volar, pero tal vez, simplemente tal vez, yo era indestructible. Durante toda mi accidentada infancia –siempre fui muy torpe, gracias mamá y papá– nunca sufrí de alguna lesión seria, además siempre tuve una gran resistencia al dolor físico –para el emocional no– en comparación a los demás compinches que se me unían en las descabelladas aventuras.

Estábamos en desventaja, éramos ocho jugadores contra el once del otro equipo. Durante toda la temporada no había recibido ni un sólo gol, lo cual hacía mi pecho saltar hasta dar el legendario botonazo ya que había superado grandes predecesores. Yo sabía que iba a ser imposible mantener mi cuenta limpia este partido, en los veinte minutos de juego que llevaba las llegadas habían sido persistentes y peligrosas.

–¡GOL!– fue el exclamó del delantero del equipo contrario que tuvo el gusto de anotarme el único gol que recibí esta temporada. Mi corazón por un momento se llenó de duda, de inseguridad, pero estaba decidido a que tenía que esforzarme más y que este sería el primer y único tanto recibido en mi puerta. Mis años de infancia en los cuales aún gozaba de mis plenas capacidades mentales, llegué a ser un buen y respetable –aunque algo rudo– portero, de algo tenía que servir haber entrenado a las cuatro de la tarde con 35 grados y 98% de humedad, sí, de algo tenía que servir.

Otra vez, un delantero encontró un hueco en la frágil defensa que tenía en frente, aún con un poco de inseguridad dentro de mi traté de ir a quitarle la pelota, pero titubeé. Gran error. Tal vez es estúpido el hecho que pensara que en verdad era algún tipo de Súper Hombre –fuera del plano sexual, heterosexual, porque lo soy– y que en verdad nunca me pasaría nada malo.

El jugador contrario venía directo hacia mi con la de gajos en sus pies. Todo mi mundo era esa pelota, desde mis primeros entrenamientos y mi mejor característica como portero era le hecho de que yo iba por la pelota pese a todo, pisotones, piedras, patadas o árbitros. No era nada que no hubiera hecho antes en ese mismo partido, o por lo menos eso pensaba.

Me aventé por la esférica. ¡Éxito!, lo logré, he detenido la jugada de ataque. Yo sabía que no iba a recibir ningún otro gol en la temporada. Lo sabía, pero no sabía que iba a ser de tal forma. Justo después de detener el balón, con mi cuerpo recostado sobre la escasa grama futbolera, éste se me escapo. Al tratar de levantarme para alcanzar el balón, apoyé –irónicamente– mi brazo derecho sobre la dicha grama.

¡Crack!

El jugador contrario, con o sin toda la intención del mundo, al ver mi hermoso y escultural cuerpo –como el del David, pero con el miembro más grande… mucho más grande– tendido sobre la ya mencionada escasa grama no frenó su paso.

¡CRACK! –es para efecto dramático–.

El jugador contrario, consternado, preocupado y triste por el triste estado de la grama futbolera que cubría nuestra área de juego, decidió, previó y pensó en que no sería buena idea pisarla más, y al ver mi brazo apoyado y haciendo palanca pensó que sería buen lugar para depositar su delicado pinche puto pie.

–¡CRAAACK!– así fue como mi brazo hizo al recibir el pie del pendejete aquel. Nunca pensé que una fractura de radio –así se llama el hueso que se rompió de mi brazo– me pudiera deprimir tanto, y no por la falta de alcohol de los primeros diez días, ni porque me perdí de la semana santa de mis sueños –llena de mujeres de fácil convencer y… sí, mucho alcohol–, sino más bien… porque no era ese Súper Hombre que siempre pensé que era.

Al estar recostado sobre la escasa grama que con mucho ahínco cuidó el jugador rival, pensando en mi igualdad a los demás seres imberbes de la tierra que se fracturan huesos, todos mis compañeros se acercaron consternados.

–¿Estás bien?– preguntó uno de ellos. Con señas prehistóricas pedí que me ayudaran a levantarme. Al levantarme me preguntaron de nuevo –¿Estás bien?–.

Yo, con mi brazo colgando en una forma enfermiza e insana, incliné pese a la tortícolis mi cabeza, Florencia y Ximena hicieron contacto y dije –¿Tu qué crees pendejo?–.

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Hoy es el día

Abril 15, 2007

Abro los ojos un sábado cualquiera, como es mi costumbre, espero a que la flojedad pase, aunque debo confesar, es mi momento favorito del día. Pasados ya unos minutos tomo ánimos para tocar el frío mundo y me dirijo al baño.

Hasta ahora todo va bien, nada fuera de lo común, de pronto, un memoria llega a mi cabeza: “Hoy es el día”

Despabilado ya, recuerdo de la noche anterior aparecen ante mis s y tomo consciencia del por qué de las botellas vacías en mi camino y mas aún el por qué de su existencia: “Hoy es el día”

Hoy, la fecha tan lejana, se ha hecho una realidad al fin: “Hoy es el fin de mi existencia”

Reviso mi agenda para borrar toda sospecha de error y ahí está, sábado… , un aire frío recorre mi espinazo, es el aire frío del miedo, como dicen algunos.

¿Por que hacerlo? La respuesta es muy sencilla, no puedo soportar una existencia así un día más. ¿Hay otras opciones? Seguro que sí, pero a estas alturas de mi calvario, no me quedan ánimos para segundas opciones.

Tomo una ducha y visto de la manera más elegante posible (¡Nadie quiere terminar mal vestido!). Después tomo un momento para reflexionar entre un ambiente de miedo me digo a mí mismo que debo disfrutarme lo más que pueda, después de todo, “Hoy es el día”

Abro mi cava secreta y extraigo uno de mis placeres favoritos, un cigarro cubano “TE AMO N0. 4 de San Andrés” y remuevo su fina envoltura y lo paso por mis narices para degustar su olor y le coloco junto a una caja, abro una botella de Merlot Casaluhe cosecha de 19XX chileno. Sí, 19XX buen año para el Merlot chileno.

Sirvo una copa, la dejo tomar un poco de aire y agarro la guillotina de plata junto a ella. La guillotina, uno de mis bienes más preciados, lleva mi nombre grabado en ella y la fecha en la que se me entregó “10 de febrero de 19XX” … la acaricio y veo mi reflejo en ella, veo lo que soy, y lo que ya no seré mas…

Disfruto cómodamente sentado en mi sillón de cuero rojo el vino, a la vez que enciendo mi cigarro con un fósforo de cabeza roja. Al terminar, me doy cuenta de que nada será igual y que estos finos placeres no regresarán, golpeo el escritorio de cedro y aviento la copa a un espejo que se cuartea al impacto. Ahí estoy, miro mi rostro dividido por la ira y parto hacia mi destino.

Al recorrer las polvorientas calles de la capital, se estropea toda mi esfuerzo por la lograr una apariencia elegante, pero ya no importa, sigo mi camino como un muerto entre vivos pensando en mi destino, al mismo tiempo que de manera que podría compararse al movimiento de esos autómatas tan de moda en estos días y sin prestar atención, devuelvo los “Buenos días” a quien me los ofrece.

Por fin, veo el local, toco la puerta y me lleno las manos de polvo. Abre una hermosa mujer y mirándome de arriba abajo me dice que todo está listo. Entro y observo la decoración del lugar, por tercera vez… “La tercera es la vencida, esta vez no escaparé…”

Acompañado por la bella mujer, bajo unas escaleras y entro a calabozo (muy limpio por cierto, para ser un calabozo), cuando siento la presencia de mi verdugo que me pide sentarme, acto seguido lo hago, mientras escucho como prepara todos sus artefactos metálicos, mientras los nervios me invaden por tan horribles sonidos.

Me pregunta que si estoy seguro, ya que las últimas dos veces me acobardé y huí, le respondo: “Hoy es el día”.

El ajusticiador me solicita la cantidad de dinero acordada y la entrego en una bolsa de terciopelo negra con un cordón dorado lleno de monedas, las cuales entrega a su bella edecán y le pide que verifique la cantidad, al terminar le dice que todo está en orden.

Siento una caricia sobre mi cabeza, o por lo menos eso parece, mientras el inerte metal toca mi cuello. Pido rapidez para el acto, un instante después siento un fino corte en mí, y una sensación extraña me invade, un caliente liquido recorre mis mejillas, lagrimas al parecer.

En fracciones de segundos miles de imágenes llegan a mi cabeza, pero la que mas predomina es la de la reacción de mis conocidos al enterarse del suceso. Una parte de mi, húmeda y sin vida todo el helado piso del calabozo. Hoy ha sido el día.

Si, mi vida llego a su fin, después de dos intentos saboteados por mi cobardía, lo logré, hoy sábado me corté el cabello.

Escrito por Malva | Comentarios (5)


Como la historia ha demostrado, los seres humanos, reflexionan y, en algunas ocasiones, recapacitan, cambian su forma de ser, de pensar y de ver el mundo y evolucionan para bien. En algunos casos nunca lo hacen.

Toda reflexión surge a partir de la consecuencia de un acto o suceso, el cual puede ser positivo o negativo. En ninguna circunstancia la naturaleza humana concibe cambio alguno en su ser, a menos de que algo lo provoque.

Las consecuencias de las acciones que llevan a una reflexión pueden ser tan sencillas como cualquier fenómeno cotidiano, como una romántica puesta de sol o una eventualidad mayor como la segunda guerra mundial. Me explico.

Hace unos momentos, tras una noche de excesos y autodestrucción, me dirigía hacia un expendio de abarrotes en busca de un cigarrillo para poder mantener los ojos abiertos después del libertinaje de la noche anterior. Mi imagen personal estaba por los suelos: desaliñado, sin afeitar, destilando un olor a cantina, con el pelo enmarañado y vistiendo sucias ropas negras que, atestiguaban el exceso de bebidas ingeridas. Mientras seguía mi camino me crucé con diversos personajes: una mujer que al verme se aferró a su bolso de mano como si su vida dependiera de ello, un trabajador de la construcción vecina, que cerro los puños esperando con miedo mi ataque y un policía que cambio de lado su macana para asestarme un golpe con mayor facilidad en caso de ser necesario.

Consciente de todo esto, seguí mi camino a paso lento, mientras la rabia me inundaba he imaginaba mil y un venganzas ante tales muestras de desprecio hacia mi persona.

Cuando mi mente se nublaba mas y mas por pensamientos oscuros escuche un golpe seco y opaco, mire a todas direcciones sin ver nada, de pronto, como si una magia desconocida me moviera, fije mis ojos en vulgar espectáculo, un ave agonizaba en el piso, producto del impacto con una ventana.

Mientras observaba inmóvil al ave agonizar retorciéndose y vomitando sangre por el pico, una anciana de aspecto amistoso se me acercó y me dijo: “Se dio contra la ventana joven, pobrecita…”, la mire y dije “Si…”, después de la breve platica me pidió que se la diera y que ella la cuidaría, acto seguido lo hice y la mujer me miro con una sonrisa amable y se fue con el ave en manos sin decir nada mas.

Seguí mi camino y llegue a mi destino, compré mi cigarrillo y al pagar observé mis dedos llenos de sangre, no le di importancia y emprendí el regreso. Al pasar por el lugar de dicho suceso, vi como se amontonaban cientos de hormigas sobre la sangre seca y pestilente de la accidentada ave. Mire mi mano con la misma sangre, me detuve un instante, di una bocanada de humo y reanude mi marcha pensativo.

Al mezclar en mi mente la serie de eventos que presencié, llegue a la siguiente conclusión, hemos llegado a un mundo competitivo, donde todos se defienden para conservar lo suyo, sólo los que nada temen perder, se detienen un momento a ver sin juzgar y de paso ayudar a otros.

Tan bellos pensamientos me han dado ánimos para seguir en el mundo. Creo que iré por una botella de vodka, a ver que pasa.

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Tras un largo viaje espiritual y después de un tremendo duelo de egos con el editor y un arreglo económico, fui seducido para nuevamente integrarme a las filas de colaboradores de www.strikter.com.  A través de mis relatos, cuentos, artículos y reflexiones, intentaré mostrar a usted (sí a usted) la complejidad de las emociones humanas, dejando un poco la sátira de su predecesora (www.guácala.org), para tratar de entender el por que del ahora. Espero sea de su agrado.

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